Era de conciertos, el inicio. Parte 5: Paul Di’Anno en Lima, 2006. El concierto

La experiencia final

En esta quinta parte de la saga Era de conciertos, el inicio, continúo con la historia que inició en la parte anterior.


Afiche del evento. Créditos a Vaderetro.

INTERMEDIO 2

El segundo intermedio dio lugar a nuevas situaciones. Luego de escuchar diversos comentarios a mi alrededor, me enteré de que varios metaleros de otras provincias habían viajado a Lima para este concierto. Uno de ellos tenía un aspecto fuerte y oscuro, de su cabeza caía una cabellera negra y larga y estaba encuerado de pies a cabeza. Estos detalles le valieron para ser apodado “Diablo” por los que estaban a su alrededor, con quienes había formado un grupo de amigos (al menos por ese día). A manera de broma, le hacían cruces con los índices de sus manos, pero él sólo reía. Incluso le hicieron un cántico en el que resaltaban su nuevo pseudónimo. La estaban pasando bien.

Otro grupo de metaleros que estaba a mi costado empezó a alabar la música de Iron Maiden y uno de ellos -el cual sobresalía por el alto volumen de su voz- empezó a cantar Remember tomorrow, tema de su primer álbum y muy querido por los seguidores de esta banda, además de haber sido muy influyente en la historia del heavy metal -si no, pregúntenle a James Hetfield y Lars Ulrich de Metallica-. Los demás empezaron a seguirlo y pronto se armó un coro. Casi me integro a ellos, ya que conocía la letra igual o mejor que ellos, pero mi timidez me lo impidió.

En los intermedios se ponía música para pasar el rato. Obviamente, canciones roqueras y metaleras. Estaba sonando música que no queríamos escuchar. Esperábamos algo más fuerte, rápido, elaborado y también oscuro -eran opciones que se manejaban en nuestras mentes-. Se hicieron escuchar algunos reclamos al encargado de los equipos, quien no hizo oídos sordos y, dentro de un pequeño intervalo de tiempo, colocó una canción muy conocida entre el público y reconocida por su elaboración e interpretación impecables, velocidad ilimitada, ritmos puramente melodiosos y potencia inacabable: Father Time de Stratovarius. Incluso los que no la conocían pudieron sentir el cambio, el gran cambio, al escuchar una creación tan maravillosa como esta. ¡Viva Stratovarius! 

Transcurrían los minutos y el concierto no iniciaba. Me sentía algo cansado, principalmente por lo vivido en la presentación de Tráfico, pero dispuesto a dar todo de mí por la que estaba por llegar, por supuesto. En cierto momento, una gran masa de personas, viniendo desde atrás, intentó ubicarse lo más cerca posible del escenario utilizando toda la fuerza que una masa así puede proferir. Los que estábamos delante no nos quedamos de brazos cruzados: contrarrestamos su avance tratando de mantenernos firmes en nuestro sitio y, a la vez, empujándola hacia atrás, por lo que quedó a medio camino. Es una situación que suele darse en este tipo de conciertos.

EL MOMENTO DE LA NOCHE

En eso, nos dimos cuenta de que había llegado la hora. Se esparció humo por el escenario y vimos a los músicos, ya posicionados, a través de la “niebla”. La melodía que asemeja la marcha de guerreros hacia la batalla, siempre avanzando a pesar de las dificultades, siempre avanzando hacia la gloria, aquella que abre el álbum Killers de Iron Maiden, aquella que lleva por título The Ides of March, empezó a colorear el ambiente de furia, locura, emoción y de la gloria misma. El concierto se había iniciado y solo quedaba vivirlo al máximo.

Los gritos se elevaron en saludo a Paul Dianno, quien ingresó al fin al escenario para matarnos a todos… y para interpretar el primer tema cantado, también del Killers y todo un clásico del heavy metal, canción cuyo coro se grita con todas las fuerzas e ira que se pueda sentir en el momento: Wrathchild. Inicio demoledor. Nos aplastábamos unos a otros. La gran masa cambiaba de proporciones de forma constante, sin tregua, y así continuó hasta el final. 

Recuerdo que me topé con un petiso -más que yo, vale decir-, que estaba con toda la locura encima. No podía ver mucho el escenario debido a su tamaño, pero sí que vivió ese concierto. Daba vueltas con las manos levantadas a la altura del pecho, codos doblados, formando el símbolo metalero por excelencia con toda su energía. Recuerdo haberle hecho un comentario sobre la manera como se estaba en medio de la gente; el asintió y dijo, con gran entusiasmo, que valía la pena. Totalmente de acuerdo. Le toqué la cabeza como una muestra de amistad. Luego, la gran masa volvió a evolucionar.

“’Cos I’m a… wrathchild!” Era lo que todos gritábamos a una sola voz. El sonido de nuestras voces llegaba a ser tan alto que, sumado a nuestro movimiento, a veces no se llegaba a escuchar muy bien a Dianno. Pero el inicio demoledor no había finalizado. Inmediatamente después de Wrathchild, arrancó Prowler, y la locura continuó. En un momento, la masa me llevó al lado de una pareja de enamorados. Él la sostenía firmemente con un brazo sobre su hombro para que el movimiento generalizado no los separara. Noté algo de preocupación en la cara de ambos. Incluso, podía notar que parte de la preocupación se debía a la posibilidad de que alguien, en medio del tumulto, se “aproveche” de ella. No quisiera cuestionarlo, pero creo que fue mala idea ubicarse con ella donde el movimiento es [era] más intenso.

Terminó Prowler y Dianno se dirigió por primera vez al público, soltando un suspiro que indicaba que ese inicio había sido intenso. Y realmente lo fue. La sonrisa en su cara me alegraba, porque sabía que habíamos entregado una muy, muy buena respuesta. No recuerdo lo que dijo todas las veces que habló (y en algunas no le entendí claramente), pero sé que siempre lo hizo con humildad. Lamentablemente, la ignorancia de ciertos individuos se hizo presente cuando, en ciertas ocasiones, intentaron insultarlo (incluso en inglés) y lanzar vasos de cerveza al escenario. Ningún vaso logró alcanzar el escenario, por cierto. Esta gente, estos individuos sin vergüenza, [entre] borrachos, drogadictos e, inclusive, sobrios, quienes tuvieron esas actitudes deplorables, merecen ser arrancadas del Perú. Ni siquiera merecen ser llamados ‘gente’. Pobres diablos, escoria absoluta.

A continuación les cuento algunas de las situaciones en las que Dianno se dirigió a la audiencia:

  • Al sentirse complacido por la respuesta que estábamos entregando, dijo, con una actitud humilde, que era una persona común y corriente.
  • Volvió a repetir algo similar luego del cántico que hicimos a una sola voz: “¡Dianno, Dianno, Dianno!”, repetidas veces. En esta ocasión añadió que él no era Britney Spears -cohabitante de este planeta que cree ser buena en lo que hace-, como una manera de referirse a que no era una celebridad, sólo una persona común que hace música.
  • En un momento dijo algo que no fue captado muy bien por el público, por lo que no se dio la respuesta que él esperaba. La verdad es que el sonido del micrófono no estaba nítido y el ruido proveniente del público era alto. Él asumió que no entendimos por no ser el inglés nuestro idioma natal.
  • Otra ocasión fue cuando alguien pidió Iron Maiden -la canción-, pero Dianno, al escucharlo, le respondió “That’s a good song, but we’re not gonna play it”.
  • Una vez más, la ignorancia se hizo presente cuando alguien le lanzó un insulto y Dianno lo escuchó. Inmediatamente, Paul miró en su dirección y le devolvió un “Fuck you!” rabioso.
  • Otra de las cosas que dijo fue que regresaría al Perú. No escuché cuando lo hizo, pero lo leí en una crónica en Internet, publicada por uno de los asistentes al concierto. Puedo decir que, a pesar de los aspectos negativos -la idiosincrasia de algunos-, Dianno disfrutó el concierto y terminó complacido. Haya dicho que iba a regresar o no, efectivamente lo hizo, pero ésa ya es otra historia.

Una situación graciosa fue cuando presencié la interacción entre dos amigos. La gran mayoría había ido a escuchar a Paul Dianno interpretar canciones de Iron Maiden de sus dos primeros álbumes, y no estaba muy interesada en escuchar los temas que Paul había compuesto en su carrera como solista. Volviendo a los amigos, uno de ellos pidió Impaler, canción que no pertenece a Iron Maiden. El otro, inmediatamente, lo miró con un sarcasmo que ocultaba un “¡Qué iluso eres!” En mi caso, yo sí quería escuchar todo el repertorio que había decidido traer Paul a Lima, pero principalmente las canciones de Iron Maiden.

El momento cumbre llegó cuando inició ese intro que asemeja una ópera diabólica y que da comienzo a uno de los clásicos con los que Iron Maiden le dijo al mundo: “Aquí estamos, espero que estén preparados para nosotros” (no lo dijeron en realidad, pero su música habla por sí misma). Phantom of the Opera. Señoras y señores, la vida en una canción. Cantada por el mismo Paul Dianno, fue como transportarse al pasado, a aquella época cuando empezaba a surgir esa banda que cambió el mundo, porque cambió la vida de incontables personas, Iron Maiden. Fue lo que fue aquel 19 de agosto, un día inolvidable.

Las canciones que fueron tocadas de Iron Maiden son estas: Prowler, Sanctuary, Remember tomorrow, Running free, Phantom of the Opera y Transylvania, del álbum Iron Maiden; y The Ides of March, Wrathchild, Murders in the Rue Morgue y la desgarradora Killers, del álbum Killers. El repertorio personal de Dianno (que incluyó un cover) fue de cinco canciones, cada una de ellas con una inherente mezcla de rabia y fuerza (cien por ciento Paul Dianno en el estilo) tanto en la canción misma como en su interpretación en vivo. Entre ellas encontramos The Beast Arises y Hey you, let’s go! (cover de Ramones).

Entre gritos, saltos y pogos, la gente vivió al máximo. Ya avanzado el concierto, miré a los alrededores y me percaté de que varios habían conseguido treparse por las paredes apoyándose en quién sabe qué, y llegado a pararse en los salientes. Supongo que lo hicieron para tener mejor visión del escenario, para estar relativamente más cómodos o ¡para no asfixiarse!

Cerca del final entré a uno de los pogos. Chocándonos unos con otros, se llega a sentir cierto poder cuando encuentras un equilibrio en el que “das” y “recibes”, pero sabes que estás estable (o dinámicamente estable) y que te estás movilizando bien o, en otras palabras, que no te van a tumbar. Sin embargo, esa estabilidad puede acabarse en cualquier instante y, si no te recuperas pronto, podrías pasarla mal. Prefiero los saltos y mecer la cabeza hacia arriba y abajo sin parar (headbanging, como se le conoce a este movimiento), ya que así no “pierdes de vista” la canción que se está tocando, te concentras más en ella y en la banda tocándola, y la vives más porque mantienes la conexión con la música y percibes mejor la energía que transmite la banda y la que obtienes del público.

Casi al final, también, presencié una situación en la que la ignorancia se mostró una vez más en una de sus tantas formas. Esta vez fue la violencia. Se dio una pequeña pelea entre dos metaleros (duró muy poco y no hubo heridos). No sé cuál habrá sido el motivo ni me interesa. Sólo sé que algo así puede ocurrir entre tanto alcohol, droga y, detrás de todo, un elemento infaltable, ya mencionado más de una vez en esta memoria: la ignorancia.

Enfoquémonos en la banda. Un hecho que no había mencionado fue que Paul Dianno no tiene una banda propia; al menos, no una constante. Sus representantes se comunican con los organizadores de los países en los cuales va a realizar un concierto. Los organizadores de cada país se encargan en conformar una banda con músicos locales, lo cual quiere decir que en cada país hay una agrupación musical distinta. Dichos músicos reciben el repertorio de canciones del tour y ellos se hacen responsables en ensayarlas. Es así o algo parecido la forma en que se administra gran parte de las giras de Paul Dianno. Es una fórmula no confiable al cien por ciento, ya que no se puede asegurar que no habrá desorganización ni actitudes no deseables de las personas contactadas para llevar a cabo el concierto; pero aquel 19 de agosto, en Lima, los músicos reunidos estuvieron a la altura del evento (lo más importante) y la organización no estuvo mal. Destaca, aparte del concierto, la firma de autógrafos.

Y llegué a la conclusión. El recital, a pesar de los aspectos negativos que ya describí, estuvo buenísimo. La gente se entregó con todo. Pude notar que Paul Dianno la había pasado muy bien, y no sería falso que regresaría dos años después, ya que el público peruano, su público, había hecho sentir toda esa emoción latente que había estado concentrándose cada vez más por el deseo abrumador de ver a Iron Maiden en vivo o, incluso, a alguien muy relacionado con ésta banda (aunque solo con Iron Maiden se podría tocar el cielo).

El concierto fue excelente. Paul demostró tema tras tema que su voz, desgarradora y rabiosa, estaba más potente que nunca. Muchas heridas -del corazón y del alma- se aliviaron aquel 19 de agosto de 2006, pero no sanarían. Heridas como estas solo podían sanar de una manera: Iron Maiden. De todas maneras, ambas fechas conforman una historia para remarcar. ¡Es una sensación grandiosa saber que conocí personalmente a Paul Dianno y que asistí a uno de sus conciertos!

Siempre le estaré agradecido por haberse acordado de mi país y también por haber aliviado mis heridas. Pero, principalmente, porque gracias a su llegada fui partícipe de un concierto asombroso. Esa experiencia vivida no me la quitará nadie.

Índice. Parte 1 – Parte 2 – Parte 3 – Parte 4 – Parte 5 – Parte 6 – Parte 7 – Parte 8 – Parte 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s