Era de conciertos, el inicio. Parte 4: Paul Di’Anno en Lima, 2006. Hacia el concierto

Firma de autógrafos & conciertos de soporte

Aquí escribo nuevamente para compartir el texto escrito en un archivo que edité por última vez el 17 de agosto de 2010, al igual que en el caso del festival liderado por Rata Blanca (en realidad, descubrí que las tres experiencias principales de esta saga de publicaciones están descritas en archivos que edité por última vez ese mismo día). En esta ocasión, he divido el texto en dos momentos debido a su extensión. En esta primera publicación, que corresponde a la parte 4 de la saga Era de conciertos, el inicio, hablo de la firma de autógrafos programada para el día anterior al concierto, la previa al inicio de la jornada musical y las presentaciones de las dos bandas de soporte.


A través de la multitud vimos a un muchacho, vestido como metalero, que se metía entre las filas repartiendo volantes. Antes de recibir el mío, estaba casi seguro de que el muchacho estaba apoyando en la promoción de otro concierto. Bueno, recibí mi volante y, cuando lo vi,  no podía creer lo que estaba escrito en él (pude percibir una sensación similar a mi alrededor, ya que todos los que estábamos cercanos entre sí leímos lo mismo en un intervalo corto de tiempo): se trataba de Paul Dianno, primer vocalista de Iron Maiden, quien vendría al Perú para realizar un concierto en El Derby de Monterrico.

Dicho suceso rebalsaba los límites de lo que ya era un día excelente: estar disfrutando de los primeros conciertos metaleros de mi vida en un festival (que incluía, como fondo, nada más y nada menos que a los maestros de Rata Blanca) y enterarme de que iba a venir un personaje de tamaña importancia. Alguien dijo, tratando de mantenerse calmado y de cortar la ilusión de los demás: “Es Paul Dianno, no Iron Maiden”, pero nadie pareció seguirlo. Reacción obvia. Para los peruanos, ver a Paul Dianno ya iba a ser un gran logro.

Y así fue. Compré mi entrada tan pronto como pude; esta vez iría solo al concierto. Ante ésta noticia mis familiares se alarmaron, ya que consideraron los posibles peligros de la decisión y los prejuicios relacionados con este tipo de música. Sin embargo, nada me impediría estar ahí. ¡Cómo no ir! Me iba a arrepentir toda mi vida.

DÍA DE CELEBRACIÓN – 18 de agosto

Momentos de gloria es lo que el destino te entrega, y Dios propició que se dé una firma de autógrafos un día antes del concierto. ¿Cuál creen que fue mi reacción? Sabiendo que moría (y aún lo hago, por supuesto) por Iron Maiden, darme cuenta de que no era un sueño que iba a conocer a uno de sus ex integrantes, uno de los vocalistas más influyentes en la historia del heavy metal, era sencillamente demasiado…

Siempre he honrado el día en que empecé a escuchar a Iron Maiden, y lo hice mucho más a partir de esa firma de autógrafos. La historia sobre el día en que el intro potente, veloz y emotivo de The trooper llegó a mis oídos por primera vez es tema de otra reseña. Solo quiero resaltar que ese día fue un sábado 18 de agosto de 2001… ¡y fue un 18 de agosto, cinco años después, que conocí, estreché la mano y abracé a Paul Dianno, un ídolo! ¿Coincidencia? Jamás. Dios obra de manera maravillosa, y ése fue uno de los mejores días de mi vida.

Mi madre me acompañó al local Templario, un bar metalero que está en la cuadra 2 de la avenida Grau, en Barranco. Luego, se fue a esperarme en un parque mientras yo iba por mi hazaña. En la cola conocí a dos personas con quienes mantengo conversaciones de vez en cuando: Darío y Edder. Fuimos buenos compañeros ese día y nos apoyamos mutuamente para poder tomarnos uno foto cada uno con Paul usando mi cámara, y compartir nuestro material para la firma (le di a Edder el folleto del Killers). Estuvimos un buen rato hablando sobre heavy metal hasta que la cola empezó a avanzar. Se acercaba el momento…

Una vez dentro, aún nos faltaba avanzar bastantes ubicaciones para llegar a la mejor ubicación de todas: estar frente a frente con Paul Dianno. La ansiedad y la emoción crecían. Ya estando cerca, notamos que había una persona encargada de tomar las fotos a cada fan con el músico con la cámara que uno mismo le entregaba. Eso iba a facilitar las cosas.

Estaba yo delante de Darío y de Edder, por lo que mi turno llegaría primero. Entregué la cámara a la asistente de las fotos y fui con Dianno. Completamente emocionado, estreché su mano y le di un abrazo efusivo. Él respondió igual. Le entregué un papel impreso con una foto suya y él se tomó su tiempo para autografiarla. Luego le di el folleto del álbum Iron Maiden y él colocó su apellido en la portada. Mientras había estado colocando las firmas, intercambiamos algunas palabras.

No recuerdo muy bien lo que le dije inicialmente, pero fue suficiente para hacer notar mi emoción. Él se dio cuenta de que podía hablarme en su propio idioma y yo entenderlo. Así lo hizo cuando me dijo que era una persona común y corriente -no fue esto exactamente, pero sí la interpretación de su mensaje-. Mi reacción fue inmediata: “What? You’re a god!” Quería que sintiera toda la pasión que podía sentir alguien como yo, una simple persona viviendo en uno de los tantos países de este planeta en la era presente, por lo que representaba alguien como él, ex miembro de la mejor banda de todos los tiempos y símbolo del heavy metal.

Mi admiración y aprecio por él son grandes. Le indiqué a la asistente -vestida con una remera de Iron Maiden, obviamente- que ya era momento de la foto. Apoyé mi brazo izquierdo sobre el hombro de Dianno y con la mano derecha mostré el símbolo del heavy metal por excelencia. Mirando ambos a la cámara, la foto fue captada. Le di un último apretón de manos y un abrazo como despedida. Levanté mis pertenencias de la mesa y salí.

Luego fueron los turnos de Darío y Edder, en ese orden; gran momento para ellos también. Me pidieron que les tome una foto a ambos sentados cada uno en una silla alrededor de la misma mesa. Posteriormente escaneé las fotos y se las envié por correo electrónico -mi cámara funcionaba con rollo.

Me despedí y dejé el lugar. Maravillado por lo que había sucedido, fui al encuentro de mi madre, quien me esperaba en una banca que estaba a la vuelta de la esquina, con pequeños jardines a su alrededor. Literalmente, parecía que acababa de vivir un sueño, pero, sin embargo, era una situación real. ¡Qué manera de celebrar el quinto aniversario del día en que la Dama de Hierro me alcanzó! “Iron Maiden is gonna get you, no matter how far!” Ahora solo me quedaba esperar por lo que me deparaba el día siguiente…

Una foto para el recuerdo. Tenía allí 21 años.

RECTA HACIA PAUL DIANNO

Llegó el día. Me vestí con una remera de Iron Maiden; encima, una chompa de color azul oscuro que había comprado hace poco, con cremallera adelante, y cuya tela terminaría dañada más tarde (con mucho orgullo); un pantalón bermudas de color mora; medias oscuras y zapatillas blancas -hubiera preferido que fuesen negras. 

Mis padres me llevaron, en nuestro carro, a El Derby, ¡y sí que tuvimos problemas para encontrarlo! Una vez conseguido, entré a un patio grande donde todos los metaleros que iban llegando se reunían y esperaban que iniciaran las presentaciones. Como ya lo sabrán por el afiche colocado al inicio, se llevarían a cabo tres conciertos: Tráfico e Icarus, ambas bandas peruanas, tocarían primero (en ese orden) y, luego, vendría el concierto más esperado de la noche, Paul Dianno.

El lugar se iba llenando cada vez más. La gente empezaba a ponerse ansiosa. Como me lo había esperado, llegaban personas de distintas edades. De repente, luego de un buen rato, salió un encargado de seguridad y dijo que formemos una cola para ingresar a un siguiente lugar, un gran salón cerrado donde se darían los conciertos.

Ciertamente, esa fue la cola más incómoda en la que me he encontrado. Por momentos, no había ni un centímetro de separación entre persona y persona. El que me seguía en la cola sonaba agitado; parecía que había estado consumiendo sustancias prohibidas (vería muchos en ese estado durante aquel día).

Mientras esperábamos, escuché algunos comentarios que sonaban desde algunas ubicaciones hacia atrás, los cuales estaban referidos a mi forma de vestir. Un desadaptado le decía a sus amigos que cómo alguien como yo, con mis “’tabas’ peloteras” (definitivamente, también había considerado el tipo de pantalón que llevaba puesto, ya que combinaba en el aspecto deportivo con mis zapatillas), podía estar asistiendo a un concierto así.

Lo dijo con el enfado que solo alguien como él puede tener. Y luego dijo algo “mejor” todavía, y fue (utilizando otras palabras) que detestaba el deporte. Espero que repita eso cuando tenga 50 años y no pueda ni mover un brazo. Cómo denotó su falta de cultura aquel renegado social. Pero, la verdad, no me afectó en lo más mínimo. No valía la pena darle importancia a lo que alguien como él tuviera para decir.

Otra conversación que escuché mientras esperaba en la cola fue la de dos personas ubicadas no muy lejos de mí, pero esta vez hacia delante. Uno le preguntó al otro sobre la canción Sun and steel de Iron Maiden, ya que no la conocía. Su compañero le contestó, medio dubitativo, que era una balada. ¡Sun and steel ni se acerca a ser una balada! En comparación con muchos metaleros y, principalmente, seguidores de Iron Maiden, hacía relativamente poco había empezado a escuchar esta gran agrupación (agosto de 2001).

La mayoría de las personas de mi edad lleva escuchando Iron Maiden, por lo menos, algo más de una década. Me empeñé bastante en conocer esta banda. Para esas alturas (agosto de 2006), ya conocía una buena cantidad de información sobre ella (y aun así muy poca), por lo que me hizo sentir bien saber la verdadera respuesta sobre Sun and steel, que no es un tema [del] que se suele hablar mucho en comparación con las otras canciones del mismo álbum, Piece of mind. Sin embargo, pienso que es más trascendente lo que una banda y su música signifiquen para uno mismo que la cantidad de información que se pueda conocer sobre ella. De todas maneras, si la pregunta hubiera sido para mí, ¡hasta se la cantaba!

ARRANCA TRÁFICO A CALENTAR LA NOCHE

Al fin, la cola empezó a avanzar. Como en la mayoría de los conciertos a los que he asistido, antes de pasar nos colocaron una cinta alrededor de la muñeca para identificarnos como personas que han pagado su entrada.

Una vez dentro, me ubiqué en una muy buena posición: estaba formando la cuarta fila desde adelante y al centro. Poco a poco, se iba llenando el lugar a medida que ingresaban las personas. Luego de un buen rato (realmente un buen rato), se apagaron las luces y salió Tráfico al escenario. Esta banda se caracteriza por dos factores fundamentales: las canciones que toca en sus conciertos son, en su gran mayoría, covers y son grandes seguidores de Kiss. A veces incluyen una o dos canciones de su propio repertorio, las cuales son más roqueras que metaleras -con lo anterior les acabo de decir que he visto más de una vez a Tráfico en vivo.

El concierto quedó muy bien. El público estaba muy animado, primero, porque verían ese día a Paul Dianno y, segundo, porque Tráfico estaba tocando esos clásicos de toda la vida. Por ejemplo, interpretaron Balls to the wall de Accept, The Hellion / Electric Eye de Judas Priest, Master of Puppets de Metallica, Rock and roll all nite de Kiss, Crazy train de Ozzy Osbourne, etc. También tocaron Acelerando y Fuimos solo uno, temas propios de la banda, los cuales obtuvieron buena respuesta de la audiencia.

El festival había empezado muy bien. En la despedida, los de Tráfico empezaron a lanzar baquetas y uñas de guitarra. Aproveché para gritar (o pedir) “¡la guitarra!”, lo cual provocó algunas risas.

La gente saltaba, hacía pogos (los más bravos fueron en Master of Puppets) y coreaba las canciones. Teníamos fuerzas de sobra. Recuerdo un momento cuando, en medio de los saltos, un muchacho delante de mí, vestido de metalero, pisó de casualidad a otro, vestido con ropa casual, en el pie. Éste le dijo: “¡No me pises!”, lo cual sonó bastante inocente. El “agresor” se sorprendió un poco, pero se disculpó. Me dieron ganas de intervenir y decirle al “ofendido”: “¿Dónde crees que estás?, ¡esto es un concierto de heavy metal!” pero no lo hice. Luego, parece que se dio cuenta de la realidad y se ubicó en un lugar menos movido, por decirlo de alguna manera.

INTERMEDIO 1

La pausa entre Tráfico y la siguiente banda, Icarus, fue también bastante larga. Por todas partes se veía grupos de personas inmersas en charlas metaleras. Estos grupos estaban formados por amigos y, también, personas que se acababan de conocer.

Cuando pasaba mi vista por el lugar (siempre manteniendo mi sitio), encontraba personas en distintos estados: algunas se notaban sobrias, otras ebrias y otras completamente drogadas. En una ocasión, en un grupo de amigos que estaba cerca de mí (los cuales presentaban claros rasgos de estar con abundante sustancia prohibida en sus organismos), uno de ellos cargó en hombros a otro. Debido a la poca estabilidad que tenían, el que estaba arriba cayó y llegó a impactarme levemente en el cuerpo de casualidad. Se levantó instantáneamente y me pidió disculpas. Obviamente, las acepté; no me molestó en absoluto lo que pasó. Es más, sé que él se llevó a peor parte. Cuando se disculpó le observé los ojos: totalmente dilatados y con un brillo “sospechoso”. El chico estaba completamente pasado. Pobre de él y pobre de su familia, si es que la tiene.

En otra ocasión, un exaltado metalero insultó algunas veces a un encargado de seguridad, con un tono amenazante y mentando a su madre. No estaban cara a cara: los separaba parte de la gran multitud de gente. El encargado de seguridad solo hacía su trabajo: observaba y estaba atento a cualquier disturbio que pudiera generarse para intervenir. Me pregunto si ese metalero se hubiera acercado hasta el lugar de la persona a la que ofendía -porque podía hacerlo, pasando a través de toda la gente que se encontraba entre ambos- y le hubiera dicho lo mismo.

LOS ÁNIMOS SE APACIGUAN CON ICARUS

Hasta que llegó el momento: Icarus salió al escenario. Durante su presentación sucedió algo aparentemente antagónico. El público estuvo bastante apagado en comparación con su comportamiento en el concierto anterior, a pesar de que los de Icarus sonaban mucho mejor que Tráfico en términos de interpretación de canciones -y si alguien dice que por esto yo pienso que Tráfico merecía menos, está cien por ciento equivocado; sí pienso que Icarus merecía algo igual o mejor-. En primer lugar, todas sus canciones eran propias y muy buenas.

En segundo lugar, había mayor nitidez en el sonido de Icarus que en el de Tráfico, y esto no tuvo que ver con los equipos empleados. Personalmente, los considero mejores músicos. Pero también mostraron aspectos no tan buenos. Uno de ellos fue que su vocalista no supo “llegar” al público cuando se dirigía a él, así como no presentaba sus canciones de forma que la audiencia se sintiera motivada. Tampoco fue todo culpa de él. Claramente, se contagió de la apatía de los asistentes y no le dieron ganas de hacer algo más en ese aspecto.

Estuve pensando acerca del posible motivo de la situación antagónica que mencioné y llegué a una conclusión: la gente recién acababa de escuchar los clásicos de toda la vida del heavy metal (a manera de covers en el concierto de Tráfico) y quería seguir haciéndolo, en lugar de escuchar los temas de una banda a la cual conocían poco o nada.

En cuanto a su música, puedo decir que era power metal puro y bastante melodioso. Presentaron muy buenas canciones aquella vez, incluyendo el tema Icarus, como el nombre de la banda.

Y como siempre, no podía faltar una demostración de la idiotez que poseen algunos peruanos, provocada por su ignorancia; esta vez, de alguien que se siente orgulloso de faltar el respeto a personas que ocupan una posición importante en una actividad o acontecimiento determinado. En este caso, un concierto. En un intermedio entre canciones, alguien gritó al vocalista una pregunta que tenía intenciones de burla, a pesar de que la pregunta en sí misma no lo era. “¡¿Qué champú usas?!” fue lo dicho, aludiendo a la larga cabellera del músico, la cual se notaba bien cuidada. Varios rieron. El cantante hizo caso omiso y siguió con el concierto.

Por momentos, daba la impresión de que Icarus solo había venido a cumplir. No los culpo. Ofrecieron muy buena música, pero se fueron sin pena ni gloria. Así acabó la segunda presentación.

Se aproximaba una larga espera, más que las anteriores, para el gran concierto. Luego me enteraría de que éste estuvo a punto de cancelarse. Sin el conocimiento de muchos, llegaron inspectores de seguridad al lugar y afirmaron que el complejo no cumplía con las medidas de seguridad necesarias para un evento así, por lo que la cancelación era inminente. Sin embargo, el público no dejaría de ver lo que había venido a ver, lo que esperaba con más ansias: la presentación de Paul Dianno. Los problemas se habían resuelto. ¿O será que en realidad nunca hubo problemas, sino tan solo la maldita burocracia de este país y la actitud podrida de algunas autoridades?

Índice. Parte 1 – Parte 2 – Parte 3 – Parte 4 – Parte 5 – Parte 6 – Parte 7 – Parte 8 – Parte 9

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