Programa Rimanakusun: finalizado… y reflexión inicial

Hace tiempo que no regreso a los grandes horizontes que había empezado a trazarme hace unos pocos años, aquellos a los que había llamado proyectos fundamentales. No los he olvidado ni pasará. En la medida que vaya resolviendo diversos asuntos en mi vida, podré ir reviviéndolos poco a poco. Espero ponerme en marcha de manera definitiva antes del Bicentenario de la República en mi país, para tener, además de la inmensa celebración patria, una celebración personal, ya que estos son proyectos muy personales.


Me explico. Si bien los seres humanos, en alguna medida y forma, llevamos una vida compartida, y, asimismo, considerando (desde mi punto de vista) que es a partir de las relaciones de diversa índole que encontramos las mejores felicidades en nuestro existir, el planteo de proyectos fundamentales es el equivalente para mí de formalizar visiones a largo plazo que establezcan amplios caminos para direccionar mis esfuerzos en el plano de mi desarrollo personal. En esa línea de pensamiento, puedo contar, también, con visiones que impliquen construcciones compartidas desde su origen, o que se vuelvan compartidas en el tiempo. Justamente, un tiempo atrás, había estado definiendo algunos proyectos fundamentales en este blog, para compartirlos con un potencial público lector y, por supuesto, ayudarme a mí mismo a ordenar mis ideas. Así, la selección que había realizado se basaba, sobre todo, en aquellos proyectos más ligados a una perspectiva de logro individual (sin que eso signifique que pueda ir y culminarlos solo; eso sería altamente improbable). A esto me refería en el párrafo anterior. No obstante, más allá de ello, si bien es importante, no es una obligación tener una visión “formalizada” para vivir hacia grandes ideales, individuales o compartidos. Todo parte, realmente, de intentar dar lo mejor de sí cada día y en cada actividad que emprendamos. 

Es más, puedo contar que este año he emprendido diversas actividades que también se relacionan con un futuro proyectado, y he intentado plantear metas que estoy afinando poco a poco, en la medida que voy conociendo mayor información de interés para pensar en ellas. Asimismo, no solo las he estado planteando y trabajando en ellas por cuenta propia, sino también en conjunción con mi familia, que ha sido lo principal. Se trata tan solo de seguir viviendo sin dejar de caminar, aunque el mundo se haya puesto de cabeza.

Ahora, luego de esta larga introducción, me dirijo a lo que inicialmente iba a comentar. Como ya he mencionado en esta otra entrada, este año terminé el programa Rimanakusun en Idiomas Católica, el centro de idiomas de mi universidad. Fue en mayo y, con ello, avancé un punto (50%) en la métrica de lo que di por llamar “Mundo de experiencia 5” de mi proyecto Cusco Infinito. Así, retornando a la matriz de avance que había presentado aquí, como se muestra en la imagen, he podido alcanzar y superar el 25%.

Cusco es uno de los lugares que más extraño, y uno de los lugares a los que primero quiero volver luego de todo esto. Se está programando el inicio de la vacunación en mi país a fines de diciembre, con las primeras cinco millones de vacunas que van a llegar de la biofarmacéutica Pfizer. Tiene que hacerse realidad. Y yo debo encontrar los caminos que me conduzcan hacia los cielos nuevamente.


Foto de portada por Stacey Gabrielle Koenitz Rozells (Pexels).

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