Mi participación en el IPPD y un sueño acotado. Parte 1. 2019, orígenes

Cuando me encontraba trabajando para la Coordinación de la especialidad de la Sección Ingeniería Industrial de la PUCP, me fue presentada, por el docente que la dirigía, mi jefe, la oportunidad de formar parte de una nueva organización cuyo objetivo principal iba a ser impulsar la pequeña y mediana minería formal en el Perú con financiamiento internacional.

En primera instancia, el solo sonido de “minería” hacía pensar en un amplio futuro. No obstante, mientras no hubiera una estructura interna sólida y una existencia formal, la idea debía mantenerse en secreto. Desde la perspectiva del iniciador, con quien nos comunicábamos desde la distancia que une a dos países en subcontinentes distintos, era muy importante que esta idea no saliera de nuestras conversaciones, ya que había que evitar, a toda costa, que llegara a oídos de personas que pudieran —y estuvieran en capacidad de— copiarla. Por mi parte, vale añadir, yo no iba a aplicar ese lineamiento con personas de mi entorno más cercano. La confianza existe.

No puedo recordar cuándo se dieron los primeros acercamientos, si a fines de 2018 o ya habiendo pasado febrero de 2019. Sin embargo, me ubicaré en este último año para las palabras que siguen. Por un lado, habíamos considerado que la mejor carta de presentación ante el mundo empresarial era arrancar con un proyecto de investigación con financiamiento ganado. Por otro, tal investigación debía llevar a posicionarnos intelectualmente en el rubro y lograr la capacidad de brindar una consultoría que permitiera no solo ampliar los límites de la investigación realizada, sino abrir la posibilidad de que se vuelva aplicable a nivel industrial en minería.

Las primeras entidades financiadoras que saltaron a nuestras mentes fueron Innóvate Perú (ahora llamada ProInnóvate, del Ministerio de la Producción) y Fondecyt (Fondo Nacional de Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica, iniciativa de Concytec, que a su vez pertenece a la Presidencia del Consejo de Ministros). La primera se enfoca en la innovación empresarial y tiene diversos tipos de convocatorias. Lamentablemente, llegamos muy tarde y las destinadas a capital semilla para el año ya habían pasado. La segunda, en cambio, se enfoca en investigación básica y aplicada, y está dirigida principalmente a universidades y centros de investigación. Al igual que Innóvate Perú, Fondecyt tiene diversas convocatorias para financiamiento y resulta que estábamos con cierto tiempo (aunque no tanto) para postular a una de ellas.

Es importante señalar que las convocatorias para los financiamientos de estas entidades tienen un cúmulo extenso de requisitos para el proceso de postulación y otros que deben cumplirse durante la ejecución. Es de esperar que sea así, ya que se trata de fondos del Estado. Así que, el dinero que se asigna debe hacerse mediante procedimientos muy controlados. Lo justo.

La convocatoria a la que nos “aventuramos” (el uso de esta palabra no es aleatorio) fue en investigación básica, e iniciamos con la preparación de los requisitos. Por confidencialidad, no mencionaré el tema de la propuesta aquí, pero sí comentaré que la postulación no podíamos realizarla bajo el nombre del instituto que estábamos formando, ya que ni siquiera existía formalmente. Además, los requisitos exigían un mínimo de dos años de funcionamiento.

No obstante, sí podíamos postular como proyecto de la universidad, el cual, si tenía éxito, iba a ser en beneficio mutuo. La PUCP mantiene un esfuerzo importante en el impulso de la investigación realizada por sus miembros, en especial el personal docente. Es una de las razones por las cuales se ha posicionado tan bien entre las universidades de Latinoamérica. Entonces, visualizando un escenario de éxito, podíamos estar, a futuro, compartiendo conocimientos y esfuerzos entre la universidad y otras importantes organizaciones en el ámbito de la investigación realizada, incluyendo la nuestra, bajo la gestión central de la primera, la PUCP.

Entre los diversos requisitos para postular, además, estaba registrar a un/a estudiante que se comprometiera a realizar una tesis en el tema de la investigación. Para ello, realizamos una convocatoria interna entre estudiantes de Ingeniería Industrial y me tocó entrevistar a cuatro o cinco candidatos. Seleccioné a dos finalistas y, mediante evaluación conjunta con mi jefe, se escogió al candidato ganador. Escribí a cada entrevistado para informar si había sido seleccionado o no.

Lo que siguió fue una carrera para cumplir la totalidad de los requisitos dentro del plazo y postular antes de la hora límite en la fecha final. Entre los tres (el iniciador, mi jefe y yo) vimos la manera de preparar y/o conseguir la documentación que se necesitaba. El día definitivo, cuando quedaba poco más de una hora para cerrar la postulación, por motivo de fuerza mayor, debí quedarme solo en la oficina de mi jefe tratando de completar los formularios de la plataforma, la cual presentaba especial dificultad en la sección del presupuesto. Aquí, la configuración incluía una serie de candados diseñados para asegurar que los números ingresados satisficieran las restricciones de la distribución del presupuesto.

Con suficiente paciencia, podríamos haber realizado un mejor esquema previo en Excel y, así, haber sufrido menos con la plataforma, pero no fue el caso. Entre los recálculos sobre la marcha y el tiempo que pasaba, mi adrenalina se hizo presente en aquellos minutos que cada vez eran más escasos. Diversas asignaciones no las teníamos con exactitud (o simplemente no las teníamos), pero tuve que incluirlas. Finalmente, ya pasada la hora límite, pude culminar y enviar la propuesta. Después me enteraría de que Fondecyt había ampliado el plazo horario al menos una hora más, y fue por ello que mi envío llegó a procesarse. De lo contrario, todo hubiera sido en vano.

Posteriormente, los resultados nos dijeron que no seríamos uno de los proyectos que recibirían asignación monetaria. Entre todas las observaciones que nos fueron entregadas, recuerdo una que decía, para decirlo en palabras simples, que la estructura del proyecto no era suficientemente apropiada para una investigación básica. Por parte de las tres personas que armamos los documentos, se trataba de una primera experiencia en estas lides. Es decir, construir cada una de las partes desde cero. No obstante, fue una gran experiencia para lo que iba a venir el 2020.

Comunicamos al alumno que el proyecto ya no iba más en esa oportunidad, y le agradecimos toda su disposición y su entusiasmo. Es más, el día previo a la postulación, estuvo con mi jefe y conmigo en la oficina del primero hablando y discutiendo sobre diversos asuntos relacionados con el proyecto. Y, si mi recuerdo no me falla, se presentó también al día siguiente por un tiempo para avanzar o apoyar en lo que fuese necesario. Por ejemplo, una actividad que debía realizar cada miembro del equipo era crear un perfil en el portal CTI Vitae de Concytec y completar una prueba en preguntas relacionadas con la ética en la investigación.

Aparte de lo contado, otras actividades que realicé durante aquel periodo fue crear un cuadro de control para estar al tanto de las convocatorias que más nos interesaban y sus fechas límite. Asimismo, acompañé este cuadro con un informe extenso con información relevante sobre lo que ofrecían diversas organizaciones en términos de financiamiento para proyectos de inversión. Fueron dos iniciativas valoradas por mis colegas.

Mi participación en el instituto en formación la llevé a cabo en paralelo a mi trabajo en la Sección Ingeniería Industrial, mi actividad principal. No obstante, en ningún momento descuidé mis labores aquí, las cuales eran prioritarias. Incluso, había recibido una oficina que podía usar a mis anchas no solo durante el horario laboral, sino en el resto del día. Este aspecto es una de las ventajas de trabajar en la PUCP: la comodidad de sus miembros para que puedan desarrollar una vida en su interior.

Por otro lado, cabe agregar que, por el momento, la participación de cada miembro en el instituto en formación no iba a ser remunerada, a menos que se ganara un financiamiento y se pudiera asignar un breve estipendio por motivo del proyecto llevado a cabo. En sí, se trataba de una participación ad honorem, la cual, si bien no me favorecía, se sostenía en la visión futura de la organización.

Sin embargo, coincidentemente con el fin del semestre 2019-1, mi trabajo para la Coordinación de la especialidad, que era temporal —pero que podía haberse extendido por, al menos, un semestre más—, tuvo que llegar a su fin por propia decisión. Necesitaba pasar a un trabajo que me permitiera mejores perspectivas económicas y laborales. Entonces, comuniqué a mi jefe que ya no iba a seguir, no solo en mi trabajo en la Sección, sino también en mi aporte al instituto.

Di un paso al costado decidido a continuar mi carrera en otra entidad, pero el emprendimiento comentado no detendría su rumbo.

Foto de portada: Pixabay.
Segunda foto: Julia Volk (Pexels).

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