La propaganda de Zibechi. Introducción

La primera vez que escribí sobre Entre la emancipación y el colapso sistémico: Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías de Raúl Zibechi (2018), posicioné mi defensa de la existencia de lo que conocemos como “el Estado”, y sostuve que los mecanismos de acción de un gobierno deben mejorar continuamente en favor de todo el país al que pertenece. Este posicionamiento surgió como la reflexión que suscitó en mí el avance de mi lectura del libro en mención, una lectura que constituyó la primera de sus tres secciones de capítulos. Cabe recordar que la postura que sinteticé en dicho escrito se basó en un profundo desacuerdo respecto de la propuesta del autor, desarrollada a través de una argumentación que no busca hacer una crítica constructiva, sino atacar, con sarcasmo y falsedad, a una institución que, desde su mirada, se asienta como hipócrita respecto de su responsabilidad con la población, una institución a la que considera la continuidad del periodo de colonización.

Habiendo dicho esto, he finalizado, hace un tiempo ya, las dos secciones que continúan, las cuales se estructuran como sigue. La segunda, “Sociedades ‘otras’ en movimiento”, contiene nueve capítulos basados en la experiencia de vida de determinadas comunidades (uso este término en modo general) pertenecientes a un conjunto de países latinoamericanos. La tercera, “Mirando hacia delante: descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías”, contiene dos capítulos: uno representativo de la sección —basado, de la misma manera, en experiencias de vida de comunidades por medio de un texto que pretende reforzar el marco teórico-discursivo del autor— y otro sobre lo que el autor considera que debería ser la “ética” en la metodología de investigación. Es de resaltar que, tanto en la segunda como tercera sección, dicho autor retorna al relato y análisis de la comunidad zapatista en México a partir de su propio paso por ella en modalidad de aprendizaje. Así, puede decirse, también, que los capítulos del libro están sostenidos en la vivencia del autor en/con las comunidades (incluyendo a movimientos sociales) de las que habla, junto con la bibliografía que revisa. En ese sentido, respeto su militancia y continuo andar como parte de su plena identificación con lo que él llama, y entiende como, una resistencia.

Sin embargo, si en la primera sección ya había notado ciertas afirmaciones, percepciones y piezas de información que me resultaron problemáticas, la segunda me llevó al punto de desear deshacer el libro una vez que lo hubiese terminado de leer, por considerarlo una propuesta crítica muy mal enfocada y sesgada en extenso, a partir de la cual pierde toda cualidad (in)formativa en potenciales lectores y, más bien, puede estar fomentando un disgusto carente de justificación direccionado hacia las instituciones públicas y privadas y la organización societaria moderna en general. Asimismo, si bien en la tercera sección el autor intentó ser más equilibrado, cayó en las mismas falencias de argumentación, demostrando una ausencia de capacidad para la realización de un balance valorativo entre las partes que constantemente buscó contraponer. Es importante mencionar, también, que el conjunto de capítulos parte de una selección de artículos previamente publicados en fuentes diversas en los cuatro últimos años antes de 2018, correspondiente a la publicación del libro, una selección efectuada por el autor y el Colectivo Tejiendo Saberes, responsable de la gestión editorial.

Al respecto, desde mi opinión, cuando se plantea una crítica, al menos en un plano académico, se espera que la forma de presentar lo criticado no adolezca de interpretaciones ni conclusiones tendenciosas o que posean contenidos falaces e, incluso, difamatorios (un hecho obvio). Es decir, por un lado, es necesario que se promueva el debate, ya que enriquece el entendimiento del mundo. Habrá argumentación de un lado y del otro, y puede que, desde nuestra posición de lectores (y potenciales argumentadores), nos decantemos hacia uno de ellos, tomemos de ambos o los usemos como soporte para una mirada nueva. Sin embargo, un argumento se desvalora a sí mismo si lo que busca es destruir a la otra parte bajo cualquier forma irresponsable, inútil y hasta infantil en su abordaje, en el sentido de poseer una consideración desequilibrada de los factores aplicables, con inferencias que pretenden ser lógicas pero que, en realidad, dejan amplios vacíos que demuestran un juicio considerablemente afectado.

Siendo transparente, lo que he escrito sobre el proceder del autor es el resultado de una experiencia de lectura que me dejó un sinsabor muy marcado en su momento. Considero que es una gran irresponsabilidad el que, teniendo la oportunidad de ser publicado, se aproveche esta para colocar textos a los que les habría hecho muy bien una nueva revisión con el fin de verificar la información que contienen y fortalecer su elaboración argumentativa, en vez de dejarlos recaer sobre un conjunto de ligerezas con pobre sentido analítico.


Finalmente, tomé la decisión de no librar al mundo de mi copia oficial del libro (aún). Más allá de mi fastidio por lo que ya había venido leyendo, llegué a toparme con dos referencias directas sobre Perú y otras dos (de entre muchas otras) acerca de ámbitos que también incluirían a mi país, todas ellas abiertamente falsas o de una interpretación tendenciosa. De aquí, intenté entender el “tras bambalinas” de lo leído desde dos puntos de vista: o bien se trató del carácter notoriamente descuidado del autor, o fueron asuntos escritos arteramente de maneras tales con el fin de seguir construyendo conscientemente sobre barro las ideas que buscaba promover.

Los asuntos sobre Perú tienen que ver, uno, con una información falsa sobre el conflicto de Bagua (p. 241) y, el otro, con una conclusión mal informada sobre las rondas campesinas (p. 242). En cuanto a las otras dos referencias, está lo que el autor tendenciosamente interpreta como un “requerimiento” del extractivismo (p. 247) y, la otra, una sugerencia de índole difamatoria de que el modelo de “escuela oficial”, como la llama, posee un “currículo oculto” (p. 270). Estos son solo cuatro ejemplos de una amplia gama de tratamientos cuestionables y afirmaciones carentes de sustento y basadas en pensamiento atribucionista de conspiraciones que saturan el libro. En ese sentido, adopté el compromiso de hacer una revisión con más detalle de cada una de estas cuatro situaciones, que he seleccionado para presentar, en este mismo blog, una versión de la realidad que sea la contraparte de tamaña pobreza investigativa, como la desplegada por Raúl Zibechi. En cambio, otros ejemplos de extractos de texto los comentaré directamente en las siguientes entradas.

Debo indicar que el libro lo leí en un periodo de meses, así que no necesariamente estuve siempre con el deseo de marcar extractos para regresar a ellos posteriormente. Habiéndolo clarificado, hacia el final de la segunda sección (capítulo 16) y durante la tercera (capítulos 17 y 18), decidí realizar dichas marcas como muestra para poder compartirlas y comentarlas aquí, siempre al tanto de la declaración de “copyleft” incluida en la página de identificación y mi necesidad académica (o, más bien, política) de replicar a, y prevenir sobre, la composición de un libro como este. Así que, comencemos.


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