Hacia un mundo incierto, pero de base nueva | P. 1 de 9

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Hoy, 5 de mayo, fecha en que empiezo a escribir este testimonio, es el primer día en que el cielo de Lima estuvo nublado. Nunca antes (o, al menos, no lo recuerdo) había durado tanto en esta ciudad el cielo despejado y un celeste esperanzadoramente pintado luego del verano oficial. Día tras día, lo he observado por mi ventana, o alguna ventana adyacente, y he pensado: “Qué hermoso día”. Como si se tratara de un continuo domingo soleado y tranquilo. Sin embargo, no sé cómo amanecerá mañana.

No recuerdo el día en que se decretó la cuarentena, o cuándo comenzó. La persona que era hasta febrero ha cambiado mucho a este punto. El mundo, en sí, ha cambiado. Hay tantas perspectivas de análisis que, seguramente, muchos artículos seguirán escribiéndose desde diversas disciplinas de aquí hacia adelante. No solo eso: se aproxima una avalancha de libros que tratarán aspectos de esta etapa de la cronología de la Tierra (Rodríguez, 2020). Aun así, es necesario tomar la vida con calma.

¿Habrá sido ese cielo producto de la transformación en la movilidad del mundo? Hemos sabido de animales que han salido al mundo urbano “natural” a raíz del silencio y la caída del peligro para los mismos (Torrado, 2020). Hemos conocido de playas pobladas de aves (“Gran afluencia de aves”, 2020; “Peces y aves retornan”, 2020). Y ha habido reportes de la disminución en la contaminación ambiental (“Arequipa en cuarentena”, 2020; “La NASA muestra cómo se redujo”, 2020). ¿Cómo podría no estar relacionado ese cielo con el confinamiento?

Desde que tengo uso de razón, Lima siempre ha sido una ciudad complicada. Lima es una telaraña inmensa que se extiende de manera interminable hacia sus fronteras con otras provincias. Recuerdo un viaje de retorno que hice desde Chimbote el 2018. Me tomó seis horas en llegar en bus desde allí hasta Puente Piedra (aproximadamente, 400 km), y luego tres horas más hasta el paradero final en Javier Prado (unos 50 km). El congestionamiento no tiene límites.

Imagina una ciudad donde las personas que trabajan deban tomar una cantidad de horas diarias entre, quizás, dos a cuatro en tiempo de viaje total de ida al trabajo y vuelta. Ciertamente, no es la realidad de cada persona, pero es una visión ya generalizada. Tengo en la mente el dibujo de una Lima estridente y dispuesta a avasallarte si no eres suficientemente rápido, enredada entre autos privados, taxis, micros y combis, sean estos tres últimos medios informales o no, que se disputan a los pasajeros a punta de llamadas apresuradas e intrusivas en los paraderos; y ahora también los colectivos, que, aunque puedan sacarte de apuro alguna vez, complejizan la aglomeración y contaminación acústica; una metrópoli llena de conductores que, con mucha facilidad, buscan sobrepasarte en cualquier momento y están muy dispuestos a insultarte si intentas defender tu posición, o siquiera mirarlos.

Es una ciudad sin escapatoria, dominada por el vehículo y su consistente agresividad, donde su utilidad ha sido distorsionada por un comportamiento salvaje que busca el beneficio inmediato por encima del orden y el respeto a las normas, tanto las escritas como las esperadas. Levitsky y Ziblatt (2018) plantean que, en la mejor democracia que podamos idealizar, no está todo escrito. Lo que ellos llaman los “guardarraíles de la democracia” son dos conceptos fundamentales: la tolerancia y la contención. Como sintetizo en una publicación en mi blog en la que hablo sobre el libro Cómo mueren las democracias: “Te reconozco como un rival político en toda la dignidad de tu persona y tu pensamiento [tolerancia], y evito utilizar mis poderes permitidos (o no prohibidos) de una forma artera para socavar todo lo que tengas para decir y proponer [contención]” (Martínez, 2020). De aquí, no puedo aceptar que la construcción de una ciudadanía debe estar únicamente modelada por normas: el corazón de una ciudad, por más clisé que parezca, sigue siendo su gente, su población, y la manera cómo esta se mira entre sí, cómo se trata, cómo se respeta, cómo se valora.

El confinamiento ha sido el mayor golpe a este caos, aunque sea temporal. Es como gritarle a todo lo que se encuentra dentro del mismo: “No necesito tu vociferación, ni tus bocinas, ni tus insultos; no necesito que me obligues a colocarme en una ubicación imposible en el pasadizo; no necesito que quieras ir más rápido ni que te pases la luz roja, ni que bloquees el paso porque no querías esperar más, o porque necesites más pasajeros; no necesito que me llames e intentes forzarme a darte una respuesta de hacia dónde voy; no necesito de tu bullicio ni de tu absurdo afán de competir, como si todo el mundo lo único que quisiera hacer es pasarse de ‘vivo’”. No obstante, no puedo dejar de notar que, si del transporte público se trata, y especialmente aquel no administrado por el Estado, y aún más aquel que es informal, hay una fuente importante de ingresos que ha disminuido considerablemente, si es que no desaparecido.

Referencias bibliográficas

Arequipa en cuarentena: Reportan considerable reducción de contaminación ambiental. (2020, 18 de marzo). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/18/arequipa-en-cuarentena-reportan-considerable-reduccion-de-contaminacion-ambiental-lrsd/

Gran afluencia de aves se registró en playa Agua Dulce durante aislamiento obligatorio [VIDEO]. (2020, 22 de marzo). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/22/coronavirus-en-peru-gran-afluencia-de-aves-se-registro-en-playa-agua-dulce-durante-aislamiento-obligatorio-video/

La NASA muestra cómo se redujo la contaminación en China por coronavirus. (2020, 2 de marzo). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/ciencia/2020/03/01/coronavirus-nasa-revela-en-imagenes-que-contaminacion-en-china-disminuyo-tras-epidemia/

Levitsky, S. & Ziblatt, D. (2018). Cómo mueren las democracias. Barcelona: Planeta.

Martínez, J. (2020, 14 de marzo). La fragilidad de la democracia. De montañas y viajes [Blog]. Recuperada de https://janismountains.com/2020/03/14/la-fragilidad-de-la-democracia/

Peces y aves retornan a mar de Chimbote durante cuarentena [VIDEO]. (2020, 24 de marzo). La República. Recuperada de https://larepublica.pe/sociedad/2020/03/25/coronavirus-peces-y-aves-retornan-a-mar-de-chimbote-durante-cuarentena-covid-19-toque-de-queda-lrnd/

Rodríguez, J. (2020, 3 de abril). Esperando la gran novela sobre el coronavirus. El País. Recuperada de https://elpais.com/cultura/2020/04/03/babelia/1585925213_537309.html

Torrado, S. (2020, 7 de abril). “La fauna corre rápidamente a ocupar los espacios que dejamos en las ciudades al confinarnos” [Entrevista con Brigitte Baptiste, bióloga]. El País. Recuperada de https://elpais.com/sociedad/2020-04-07/la-fauna-corre-rapidamente-a-ocupar-los-espacios-que-dejamos-en-las-ciudades-al-confinarnos.html


Foto por Madison Inouye (Pexels).


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