La propaganda de Zibechi. Séptimo comentario

“Si los zapatistas ocuparan el Estado, aun en los espacios locales como los municipios, estarían ocupando el sillón del colonizador, el lugar del amo. Desde ese lugar solo se puede administrar lo que existe, no es posible cambiar el mundo: ni expropiar a los expropiadores ni crear nuevas relaciones sociales. Al cambiar el mundo sin contar con el Estado, los zapatistas se muestran como una fuerza descolonizadora, ya que la lógica estatal llegó a América Latina en las carabelas de los conquistadores.
Por otro lado, al no trabajar en las instituciones estatales liberan fuerzas humanas para la creatividad. El mundo nuevo es, básicamente, crear, inventar nuevas relaciones sociales luego de la expropiación de los medios de producción y de cambio a la burguesía. Crear es la mejor forma de descolonizar porque el colonizado deja de mirarse en el espejo del amo, se vuelve capaz de hacer un mundo nuevo no por oposición al viejo. …” (p. 412).

Zibechi, Raúl (2018). Entre la emancipación y el colapso sistémico: Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías. Lima: Colectivo Tejiendo Saberes.


Al llamar al Estado “colonizador”, le da más contenido a su oda a la violencia, a la que hice referencia en el comentario anterior. Queda muy claro que, si traemos a colación la cita que hace de Fanon y su interpretación, lo que promueve Zibechi es la violencia contra aquello a lo que se opone. Más allá de lo humanamente deplorable que ello pueda resultar, está el hecho de la entera contradicción en que se encuentra en sus escritos. Cuando critica al Estado, lo resalta como un antro de búsqueda del poder donde no puede haber creatividad ni construcción de un mejor país, sino tan solo un aprovechamiento de las personas como medio. En sentido opuesto, cuando aprecia lo que favorece (una comunidad como la zapatista, por ejemplo), lo realza como un reino de la solidaridad, el compartir y la hermandad. Hay mucha hipocresía desplegada en sus palabras, ya que resalta cualidades en la forma de modelos por alcanzar que no se condicen con su deseo de derrocamiento —por la fuerza— de lo que considera el “Estado colonizador”.

Continuando con la corrección de sus malos entendimientos, vayamos primero con la frase “desde ese lugar solo se puede administrar lo que existe, no es posible cambiar el mundo” y el que atribuya a “cambiar el mundo” aquello de “expropiar a los expropiadores”. Falso: desde el Estado, se administra lo que ha existido, lo que existe y lo que está por existir. Por ejemplo, dos herramientas fundamentales de proyección son la prospección y el planeamiento estratégico sobre contextos en cambio constante, mediados por los resultados de las decisiones que se toman alrededor del globo en los más distintos ámbitos, siendo uno de los más importantes la ciencia y tecnología. Segundo, no se percata del propio sesgo de uno de los fundamentos de su “cambiar el mundo”: imponer una categoría (“expropiador”) y usarla como justificación para impulsar la misma acción que condena (“expropiarlo”). No obstante, es un fundamento concebido a partir de una determinada lectura de la realidad (una lectura bastante limitada, a mi parecer), la cual no comentaré en esta oportunidad, ya que me desviaría de la línea central. Demás está decir que no comparto su idea de “cambio”.

Indudablemente, hay Estados mal llevados: dictaduras, falsas democracias, autoritarismos, pero también los hay de las características opuestas (sin que esto signifique que estén exentos de problemas). En sí, un Estado se compone de fuerzas que están pugna constantemente, ya que existen miradas diversas sobre cómo llevar adelante a un país. La corrupción es una falla que afecta a las personas y organizaciones, y un gobierno puede verse atacado y hasta tomado por ella (es decir, no es un elemento intrínseco del mismo). La idea de la democracia (sin corrupción) implica que haya miradas diversas que permitan, a través de los consensos políticos, producir las mejores políticas públicas para la población. Es más, desconfiaría de un aparato estatal en donde los poderes del Estado solo se tomasen de las manos y cantaran villancicos al unísono. Esto no es, por cierto, ninguna indirecta.

Decir, asimismo, que no se crean nuevas relaciones sociales es sinónimo de que no ha observado ni entendido lo suficiente lo que conformaría el destino de su crítica. También, limitar la posibilidad de la creatividad y del crear únicamente al ámbito fuera del Estado, deja a entrever un sesgo intelectual mayúsculo. ¿Qué está entendiendo por creatividad? La capacidad de las personas para ser creativas depende de una multiplicidad de factores que no siempre se pueden conocer a cabalidad, ya que implican, también, elementos inconscientes. Las experiencias de vida a lo largo y ancho de la humanidad son infinitas. Decir que la capacidad para crear “de verdad” se encuentra solamente en las comunidades que él favorece es demostrar un esnobismo verdaderamente sin límites.


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