Trazabilidad

Escrito originalmente el 22 de noviembre.


Me gusta cuando, estando en mi habitación, debiendo cambiarme de ropa para echarme a dormir, me llegan las ganas de escribir. Me alegra, ya que me doy cuenta de que ese fuego se mantiene en mí, a pesar de las turbulencias que, en ocasiones, se presentan en mi mente. No quiero dejar de escribir nunca, pero, a veces, simplemente no puedo hacerlo. Son periodos en que me veo abrumado por montones abultados de (auto)cuestionamientos, y pierdo la capacidad de sentarme y expresar con palabras sobre un papel.

Pero también hay momentos de calma. Momentos en que mi participación en una actividad u otra, o ver acciones o tareas concretadas, me genera felicidad, y es cuando vuelvo a pensar: “Seee’, el mundo no puede ser tan malo”. Se encuentra un respiro. No obstante, es necesario lograr salir de la turbulencia, recobrar los ánimos (de esto depende mucho) y empezar a definir los hitos a los cuales llegar. Y alcanzarlos con tranquilidad, con los mejores análisis y reflexión entre las manos, tratando de cubrir todos los aspectos (al menos, los principales). Alcanzarlos con una postura sólida y no la debilidad que muchas veces genera el apurarse debido a no poder controlar el propio interior.

La vida presenta fases duras, es inevitable. A veces, me pregunto si lo que vivimos, o lo que nos sucede, es siempre lo único que podía haber pasado. Algunas veces, hay opciones que uno adopta en un momento dado. Otras, nos vemos inmersos en situaciones sin haberlas esperado. En cualquier caso, habrá que manejarse de una u otra manera y, lo que resulte, se convertirá en un recuerdo que pasará a formar parte de nuestra experiencia. En ese sentido, sea cual sea la intensidad de ese recuerdo, debemos saber que nuestra fortaleza como personas se encuentra en lo que decidimos hacer de nosotros mismos y de nuestras vidas. Y, por más difíciles que sean, en circunstancias de la vivencia, las decisiones que debamos tomar y las consecuencias que produzcan, mantenernos siempre firmes frente a cualquier embate que pueda presentarse.

Pero este texto no es para desanimar. Es solo un momento de catarsis y, quizás, de automotivación. Escribir ayuda a descargar pensamientos pesados, o hacerlos más livianos, o encaminarlos por cierto lugar y evitar su estancamiento, o revolverlos para que abran espacios a otros pensamientos (mejores, quizás), o hasta enfrentarlos directamente.

Siempre le he sentido miedo a ser la persona que se queda atrás, en el olvido. Quizás, ese sea mi mayor miedo. Ante aquello que me corresponda vivir a futuro, según designios que tal vez nunca llegue a conocer, mi compromiso personal estará siempre en hacer todo lo que esté en mis manos por seguir caminando, aunque, algunas veces, deba perder velocidad en el paso.

Te dejo un saludo de manos sincero.


Foto de portada por Kelly Lacy (Pexels).

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