Un reto continuo

Es una época difícil para el mundo, con países que la han estado pasando peor que otros. En Perú, nos encontramos en la extensión de la cuarentena hasta el 12 de abril, y se mantiene una evaluación constante de lo que viene aconteciendo a cada momento. Aún no sabemos si llegaremos a una segunda extensión, pero el Gobierno está haciendo su mejor esfuerzo para atender las necesidades del país con informaciones y/o medidas que comunica el propio presidente de la república, Martín Vizcarra, y su gabinete ministerial, todos los días pasado el mediodía.


Mucho ha sido pospuesto; entre lo más importante, la educación escolar y la universitaria, e intervenciones de salud que, bajo el debido análisis médico y la capacidad del centro de salud respectivo, se determinó que podían enviarse a fecha posterior. En cuanto a eventos de índole cultural o entretenimiento, en algunos casos se han pospuesto y, en otros, cancelado definitivamente.

Como parte de los cursos que venía llevando en el año por elección personal, aún me queda el sabatino bimestral de quechua, Rimanakusun 3.2 (en español, Conversemos), para finalizar el programa respectivo del centro Idiomas Católica, perteneciente a mi universidad. Este curso, al ser presencial, tuvo que ser pospuesto luego de dos clases, pero su continuidad ha sido programada en modalidad virtual a partir del sábado próximo, 4 de abril.

Llegará el momento en que escriba lo que fue la experiencia de vida en la “era coronavirus” en Perú (en mi barrio, al menos), pero ahora me enfocaré en otro tema. Hace unos pocos años, como parte de la existencia de este blog, desarrollé un proyecto basado exclusivamente en obtener un conocimiento especial de Cusco, departamento que alberga a Machu Picchu, como sabrán. Ese proyecto lo dividí en siete secciones, y una de ellas fue el aprendizaje de quechua. Esta sección se expresa en dos objetivos: el primero, el estudio de un programa de mediano o largo plazo de quechua donde me fuera más accesible estudiarlo (lo cual dejaba una sola opción: Lima); el segundo, estudiar un programa o curso de quechua, de corta extensión, en Cusco.

El quechua tiene variantes según la región del Perú en que nos encontremos. Si bien la variante del Cusco pertenece al quechua sureño, el programa que he venido estudiando está basado, de forma más específica, en Ayacucho y alrededores, también dentro del ámbito sureño. Esta situación, sin embargo, no es una limitante para el primer objetivo que me planteé. Donde sí existe particularidad es en el segundo objetivo, que abarca no solo que el quechua sea cusqueño, sino que lo estudie directamente en Cusco.

De mi experiencia en lo que he visto hasta ahora, he llegado a una primera conclusión que considero fundamental: finalizar el programa en que estoy en la actualidad no implica que me convertiré en un hablante fluido de quechua. Sinceramente, he podido darme cuenta de que la lengua en cuestión es bastante compleja para la estructuración de mi mente en cuanto a su flexibilidad de aprendizaje.

Esta no es una lengua occidental, por lo que su funcionamiento es totalmente distinto de lo que he aprendido respecto de otras lenguas, como el inglés y el portugués (además del español). Asimismo, un porcentaje importante del quechua está basado en la interpretación y/o (de)codificación, tanto para expresarlo como para recibirlo. Un elemento que influye en esto es que no todas las palabras que conocemos en nuestra propia lengua existen en el quechua, lo que sí podemos esperar entre lenguas occidentales (al menos, algunas de ellas). Justamente, parte de la riqueza del aprendizaje es tomarse el tiempo de sumergirse en el mundo quechua y tratar de entender, a nivel básico por lo menos, la cosmovisión implícita.

En clases, mis notas han solido ser positivas de manera consistente, pero eso no implica, como lo decía, que vaya a salir como un hablante autosuficiente. Lo que sí implica es que he podido entender, mayormente, las “piezas” de lengua que me han enseñado y he sabido aplicarlas en la evaluación continua a la que hemos sido expuestos con un nivel suficiente de corrección. Pero, como es natural, el verdadero aprendizaje implica ir más allá del curso. Y más cuando la mente debe adoptar, o formar, un sistema distinto de entendimiento. Poder dejar de lado un rato la “parametrización” del hablar y la regla occidental, y así liberar la mente para un fluir de palabras distinto, el cual, incluso, se desarrolla en una actualidad donde no existe una convención oficial sobre cómo “debe” organizarse el quechua. A lo largo de siglos, ha sido una lengua de transmisión oral, y las academias, cuyos profesores suelen ser quechua-hablantes, así como los docentes independientes, hacen lo que consideran necesario para estructurar la lengua para la enseñanza.

No cometeré el clásico clisé de dejar aquí un escrito en quechua por el hecho de que esta entrada de blog trate sobre mi aprendizaje de dicha lengua. Sin embargo, no descarto hacerlo a futuro, cuando me sienta con una mayor confianza y un mejor avance en mis conocimientos al respecto. Lo que sí sé es que me espera una larga jornada de estudio, la cual haré, en la medida de lo posible, que se extienda a todo lo largo de mi vida. Por el momento, me enfocaré en cerrar el programa que vengo estudiando y, así, alcanzar un objetivo más.

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