Guasón

Dirigida por Todd Phillips y escrita por él y Scott Silver.


No me es complicado afirmar que Guasón es una de las mejores películas de todos los tiempos. Quizás, recalcar que es lo que me parece a mí, sin que necesariamente haya visto la totalidad de películas que, supuestamente, “debería” haber visto. Y, por supuesto, podría ser la más magnífica que he llegado a ver.

Disfruté mucho la trilogía de Batman de Nolan. Más que ser sobre un superhéroe (o héroe de carne y hueso), se trató de filmes conceptuales donde estaba en juego la cuestión de la maldad al interior del ser y de la corrupción, especialmente, de su “proceso”. Fueron trabajos que me impactaron, sobre todo, la segunda (con Heath Ledger como Guasón) y tercera.

Ahora, en Guasón, se trabaja en una historia de este personaje, Arthur Fleck. Guasón quizás sea la mejor descripción de la sociedad de ayer, hoy e incluso mañana. La fría sociedad urbana, en especial en las grandes ciudades. ‘Degradación’ es la palabra que viene a mi mente. ‘Hipocresía’, la secunda. ‘Capitalismo y desigualdad’, hermanadas, después. Y luego ‘egoísmo’, ‘cinismo’, ‘falsa cortesía’. Y más allá ‘clases sociales’, ‘descortesía’ (pura y prístina), ‘agresividad’ y ‘enfermedad’ (del ser, no de la mente).

Arthur Fleck termina siendo un héroe, emergido de todo su sufrimiento y oscuridad. O, para no ofender a los susceptibles, un “antihéroe”. No, no es estar a favor de la violencia. Es darle valor al plano simbólico de su presencia para una sección mayoritaria de población, ubicada en los escalones más bajos de una pirámide liderada, en la práctica, por una clase elitista que la observa con desprecio y falsas apariencias. ¡Gracias, Joaquin Phoenix, por tan maravillosa performance! Ha sido superlativa.

Si no se es capaz de percibir el sentir de toda una comunidad mundial expansiva en la petición de Fleck de amabilidad a su interlocutor, ya sea con palabras o incluso sin ellas, con una expresión de sorpresa mal recibida o una resignada sonrisa, no se venga a decirme que el filme no nos representa como sociedad. Lo único que aminora el daño, solo levemente, es la existencia de civilización, que ha podido dar algún orden a lo considerado bueno y malo, “normal” y “no normal”, aunque sean categorías cambiantes en el tiempo. Por lo demás, la peste sigue estando presente en cada uno de nosotros y nosotras, en más o menos intensidad entre la gente. Una peste a la que le ponemos filtro, consciente o inconscientemente, filtro que, en algunos casos, se desgasta o hasta, quizá, termina desapareciendo, tarde o temprano.

Pero me disculpo por el pesimismo. Seguramente estoy errado…

¿Y qué hay de la enfermedad mental? Finalmente, es de todos. Como sociedad, la creamos; como sociedad, la vivimos y sufrimos. Y, tal vez, hasta nos regocijamos en ella.

Es hora de una nueva manera de ser persona.



Afiches descargados de Filmaffinity.


Tráiler

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