Las Hijas de Nantu, el documental (2018)

Escrito y dirigido por Willy Guevara, y basado en su propia investigación de dos décadas.


Las Hijas de Nantu es un documental que vi en el festival de cine peruano del Centro Cultural de mi universidad en su edición de 2019 (febrero). Me he basado principalmente en dos videos en Youtube (uno del canal Revivir Conciencia, centrado en los cantos Anen, y otro del canal USILTV, acerca del documental completo) para recabar la información con la que escribo esta entrada, ya que era necesario para enriquecer mis recuerdos (o reavivarlos).

En principio, Nantu es como se le está llamando a la Luna. Sus hijas son las mujeres awajún, tanto en la actualidad como en su pasado. El pueblo awajún, o aguaruna, es una etnia originaria de la selva amazónica peruana, cuya población se encuentra distribuida entre los departamentos de Amazonas, Cajamarca, Loreto, San Martín y Ucayali.

El documental gira en torno a las costumbres ancestrales de las mujeres awajún, dos de ellas en específico, que iré describiendo en el texto. Según el documentalista, el audiovisual está dividido en cuatro partes, que se aprecian claramente: (1) la interpretación que él mismo hace de la cultura presentada en relación con las costumbres resaltadas, (2) los testimonios de doce mujeres que sobrevivieron al autoenvenenamiento, (3) los cantos Anen y su continuidad, (4) y una siguiente ronda de testimonios (de cierre) de las mismas mujeres sobre el valor que le entregan a la vida.

La primera parte muestra, de forma ilustrada y mediante una narración de voz, el entendimiento del antropólogo sobre la historia que ha conducido a las costumbres que han sobrevivido hasta hoy, es decir, que está en su base. Al respecto, se señala que, de 1200 a 1500 d. C., miembros identificados como parte de la cultura Moche* invadieron los territorios amazónicos awajún y provocaron, debido a la resistencia recibida en la defensa del territorio y/o la influencia propagada respecto de sus maneras, que los hombres de la etnia invadida se conviertan en guerreros. De esta experiencia en adelante, llegaron a manifestar su inconformidad con el matriarcado awajún mediante su derrocamiento, e implementaron la poligamia.

*Aquí hay un problema, ya que la existencia de esta cultura, la Moche, se enmarca entre los siglos II y VII. Es posible que el dato en el video de soporte y/o el documental esté errado, o que, sin duda, luego de la extinción de lo que podría llamarse la “preponderancia Moche” (por no decir Moche a secas), los moche hayan seguido recorriendo el Perú en busca de nuevas tierras.

Esto significó un duro golpe para la mujer awajún, que perdió su posición privilegiada en la Amazonía. Fue así que idearon mecanismos para demostrar su propio poder frente al hombre, con el fin de darles un mensaje contundente acerca de su propio valor como mujeres. Uno de esos mecanismos consistió en el consumo de plantas venenosas. Guevara explica que dicho consumo se da frente a la persona (hombre) que ha cometido una agresión.

No obstante, la cantidad de sustancia ingerida es calculada por ellas mismas para colocarlas justo antes de cruzar la delgada línea entre la vida y la muerte: un riesgo total. De aquí, el mensaje interpretado es capaz de aplastar toda señal de mal habida hombría: o bien es una declaración de ser capaz de vencer a la muerte -ser la vida-, o bien puede, hasta incluso, ser un acto de hacer sentir su ausencia -mediante un daño permanente o la muerte, si se da- ante el hombre; es decir, castigarlo mediante privarlo de su presencia en su vida (esto no se indica en el video de soporte, pero lo extraje del documental).

Como bien señala la periodista de USILTV, Andrea Santistevan, el documental promueve una reflexión sobre la situación actual de la mujer awajún y su manera de encarar la violencia de género. Los testimonios de las doce mujeres, que forman la segunda parte del documental, se refieren a sus experiencias de autoenvenenamiento, y cómo las marcó en su forma de ver y sentir la vida.

Hay mucho sufrimiento, incluso arrepentimiento, cuanto reflexionan sobre lo ejecutado. El plano familiar fue muy duro también, ya que ellas se expusieron a su propia muerte. Asimismo, la situación previa al envenenamiento no solo trataba sobre agresiones, sino también experiencias de infidelidad. El envenenamiento dejó secuelas en algunas de ellas, físicas y/o psicológicas.

Cuando acaba la sección de testimonios, el documental “se va” a otra zona e inicia una de las secuencias más bellas que he visto en un audiovisual: el ritual de transmisión de los Cantos Anen de una maestra joven a una niña a solicitud de la madre de esta última, quien ofrecerá, en trueque por la enseñanza, a dos cachorritos. Lo que se observa no es un trueque desde el sentido capitalista, sino una ofrenda de respecto por la educación de su hija. La pureza de ese acto me removió el centro del pecho.

Los cantos Anen son como poemas libres recitados en melodía. Según el documentalista, fueron creados ancestralmente por las propias mujeres awajún como una manera de enseñar cariño, respeto y amor a los hombres de su etnia, aunque también se usaron en otras actividades, como la agricultura y la caza.

En documental muestra a los cantos Anen como un mecanismo pacificador, cuyo mensaje expresa la invocación de un deseo positivo para otra persona. Según la cita a José María Guallart S. J. del video de soporte de Revivir Conciencia, se trata de la “resonancia afectiva sobre uno mismo u otra persona”.

La transmisión de los cantos Anen es un proceso de días o más, en que la “alumna” se queda con la maestra a vivir el ritual. Al menos, es lo mostrado en el documental, que no especifica el tiempo de duración aproximado (que debe ser variable). El ritual implica la memorización de las letras (o, entiendo, un conjunto de ellas dentro del amplio rango que debe abarcar sus creaciones), sus melodías y un acto (simbólico desde una postura occidental) de asentamiento cognitivo: la niña debe beber pequeñas cantidades de jugo (¿savia?) de tabaco mezclado con roces de la saliva de la maestra. Asimismo, recibir una especie de bautizo en el río.

Entiendo, además, que la enseñanza de los cantos Anen viene acompañada de otras enseñanzas para la vida futura (en el marco del ritual documentado). Lamentablemente, en otro video de Youtube, he visto que también se comercializa con la enseñanza o demostración de los cantos en cuestión, totalmente fuera del proceso místico de aprendizaje que acabo de describir. Guevara advierte que los cantos Anen se están perdiendo, por lo que hay que recuperarlos y revitalizarlos, para usar sus palabras.

El documental llega a su fin con una sección más corta de testimonios de las doce mujeres que anteriormente habían dado su palabra, donde se muestran felices (en contraste con la seriedad y la tristeza que mostraron al inicio) ya que han llegado a apreciar la vida de una manera sentida y a valorar su ser con mucha convicción. Ellas saben ya lo que tienen que hacer.

El resto del país, donde obviamente me incluyo, debería compartir su alegría.


Afiche de portada descargado de Filmaffinity.


Reportajes de soporte

Tráiler

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