Nuevo aporte: Guía de investigación en Ingeniería Industrial

El 18 de diciembre, se comunicó por correo electrónico la publicación de la Guía de investigación en Ciencias e Ingeniería, Ingeniería Industrial para los estudiantes de dicha carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Este documento es uno de los resultados de un proyecto masivo de publicaciones de guías de investigación en mi universidad para las distintas disciplinas que son dictadas, teniendo como público objetivo principal al estudiantado de pregrado. El proyecto, dirigido por la Dirección de Gestión de la Investigación (DGI), empezó hace, al menos, cinco años (en sí, entre las guías que he descargado, el año de edición más antiguo que vi es el 2015).

Entre las diversas especialidades, el grado de relevancia dada al proyecto, que no es de ejecución obligatoria (pero deja sentada una reputación), ha sido variado. Sin embargo, no solo existe incentivos económicos sino que, al ser un proyecto académico que engloba a todas las facultades, se espera el compromiso serio de las coordinaciones de las diversas disciplinas. Y, en una universidad como la PUCP, ese compromiso es un valor fundamental, aunque a veces pueda llegar progresivamente.

Para la elaboración de una guía de investigación, la coordinación de cada carrera registra oficialmente ante la DGI al equipo docente responsable, el cual, como deduzco del caso para Ingeniería Industrial, es liderado por el/la docente encargado/a de la coordinación académica de la especialidad (o disciplina). Una vez registrados los equipos, tiene que haber un motivo de peso para que haya reemplazos.

Toda redacción que propone un equipo docente debe seguir (o se espera que siga) una estructura mínima provista por la DGI, que a su vez implica incluir un conjunto de ideas básicas en el texto, con fines de uniformidad en el enfoque de una metodología de investigación. Por lo demás, el equipo docente tiene plena libertad para desarrollar la guía según lo más conveniente a su especialidad. En esa línea, la carátula final de una guía, además del título, muestra quiénes participaron en ella de manera diferenciada:

  • Autores: nombres completos del equipo docente
  • Asesores: nombres completos de los autores del libro Cómo iniciarse en la investigación académica. Una guía práctica (Fondo Editorial PUCP, 2017), que funge como base académica del proyecto
  • Colaborador(es): nombres completos de la(s) persona(s) respectiva(s), de haberse dado el caso

En cuanto a los asesores, su primera participación se hace vigente en la redacción del libro en cuestión. Luego, entiendo que elaboraron, o dieron el visto bueno a, el documento de pautas para la redacción de las guías de investigación, cuyas ideas coinciden con las del libro. Finalmente, está su responsabilidad en brindar asesoría a los docentes que lo soliciten para la elaboración de una guía.

Por otro lado, cabe señalar que la revisión de la DGI, previa a la publicación, no se centra en influir sobre el contenido académico sino sobre su redacción y coherencia. No obstante, al contenido final que desarrolla el equipo docente, la DGI le da, aparte de la diagramación necesaria, una serie de contenidos para la publicación, que es digital. Así, se agrega unas palabras de presentación al inicio por autoría del Vicerrectorado de Investigación, mientras que, al final, un sumillado de un conjunto de oficinas (como término general) de la universidad que proveen de un importante soporte, según su rama, a la formación académica.

Las publicaciones de las guías se encuentran aquí (consulta: 26/12/2019).

El equipo docente para Ingeniería Industrial, conformado por tres personas, se fundó el 2016 (o, en todo caso, no fue más allá del 2015). El docente elegido como coordinador de la especialidad para el periodo de turno decidió sumar a la especialidad al proyecto y fue así que realizó las comunicaciones necesarias para formar y registrar el equipo. No obstante, debido a prioridades distintas y al hecho de que la carga laboral para Ingeniería Industrial, una de las carreras más numerosas no solo de la Facultad de Ciencias e Ingeniería sino de la universidad, a través de los años que siguieron, lo único en lo que se avanzó fue la preparación de un índice para la guía (aparte de una comparación de índices entre algunas guías ya publicadas).

Esta situación continuó hasta el segundo semestre del 2018, en que el coordinador de la especialidad, frente a la elevada carga laboral, solicitó al Departamento Académico de Ingeniería la contratación de un asistente. Considerando que la generación de un nuevo puesto de trabajo es un trámite engorroso (principalmente porque hay un presupuesto programado de por medio), se pensó en la siguiente modalidad: realizar una convocatoria entre las y los jefes de práctica vigentes en el semestre en la carrera, al ganador de la cual se le añadirían funciones a su contrato de predocente para que labore como asistente de la coordinación de la especialidad, en una jornada de 30 horas semanales con propio sueldo (añadido).

Ni bien recibí la comunicación por correo electrónico, envié mi postulación. Poco después, fui citado a entrevista y, finalmente, recibí la alegre noticia de que había sido aceptado. Inicialmente, el trabajo en la guía de investigación no formaba parte de la labor como asistente de coordinación, pero era una posibilidad. El profesor (mi jefe y coordinador de la especialidad) me presentó la situación y me dijo que, si era de mi interés, podía aportar al proyecto también. Y así fue. Ello iba a implicar, además, ser partícipe de los beneficios económicos que señalé antes.

Poco después, recibí lo avanzado y, como parte de mis labores normales, empecé a trabajar en la guía. Fue una actividad que implicó bastante lectura, revisión bibliográfica, extracción y priorización de notas, redacción y preparación de citas y referencias. Aquel año, logramos avanzar los dos primeros capítulos de ocho. A inicios de 2019, un capítulo más y, hacia julio de 2015, el resto de capítulos. El documento quedó para revisión final y luego su entrega a la DGI para su propio visto. Hecha la diagramación más añadidos los complementos, la Dirección solicitó una revisión definitiva. Me encargué de hacerla y señalé ciertos cambios y/o correcciones. Poco después, recibí la comunicación del profesor de que la guía había recibido su tan esperada publicación.

Allí, aparezco, como colaborador. Aunque me hubiera gustado estar como autor, la normativa del proyecto solo permitía que el equipo docente registrado ocupara esa posición. Sin embargo, me siento muy feliz de saber que he realizado este aporte a mi carrera en mi propia universidad.

Siempre se puede seguir mejorando y/o actualizando un trabajo académico. En ese sentido, la redacción y el diseño de un contenido son procesos que abren muchas posibilidades. No obstante, este es un trabajo del cual me enorgullezco y espero poder seguir aportando al mismo a futuro.


Fuente de imágenes: Pexels.

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