Experiencia: Instituto para la Calidad, PUCP. Ene – Abr 2007

Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)
Instituto para la Calidad (IC)
Dirección: Av. Universitaria 1801, San Miguel | PUCP | IC
Posición: Practicante
Área: Evaluación de la Conformidad
Labor: Asistencia en implementación de sistema de gestión de la calidad
Periodo: Enero de 2007 a marzo de 2007 | 3 meses, 30 horas semanales

Actividades principales de la organización

  • Consultoría en gestión de procesos, sistemas de gestión, desarrollo organizacional y calidad educativa.
  • Organización de cursos, diplomaturas y programas de estudio, incluyendo capacitaciones a medida.
  • Organización de eventos nacionales y/o internacionales en la temática de calidad.

Resumen de aportes

  1. Levantamiento de información de procesos y datos de contacto
  2. Diagramación de procesos con Visio y documentación
  3. Distribución de copias controladas y no controladas de documentos
  4. Actualización y control del listado maestro de documentos
  5. Creación y actualización de bases de datos de contacto
  6. Una elaboración y una actualización de informe de encuestas

Diagrama de interrelación de aportes

Leyenda
A → B: A alimenta a B

Reseña de experiencia

Mi paso por la posición descrita se constituyó en mi segunda práctica preprofesional del plan de estudios de Ingeniería Industrial en la PUCP. Asimismo, representó mi primer trabajo en una oficina administrativa amplia, es decir, con varios espacios y funcionarios, así como un amplio dinamismo. Esta no fue la experiencia de mi primera práctica preprofesional, la cual, si bien no detallaré en este texto, fue también un hito importante en mi desarrollo.

Para mi ingreso a la práctica en el IC PUCP, fui apoyado, además del currículum enviado y mi entrevista, por la recomendación de una persona a quien no nombraré por confidencialidad, pero a quien envío un nuevo agradecimiento desde aquí. En el trabajo, ingresé al área de Evaluación de la Conformidad, encargada, en ese entonces y entre otros proyectos, de la implementación de un sistema de gestión de la calidad bajo la norma ISO 9001: 2000 (sobre la cual había llevado, el año anterior, un curso del mismo instituto) en la unidad Dintilhac de la universidad, en específico, para su dirección y cuatro de sus oficinas, claves para la gestión administrativa de la universidad.

Yo fui partícipe en mi periodo en el instituto, específicamente, de la implementación en Contabilidad y Tesorería. Llegué a saber, años después, que la Dintilhac había finalmente logrado las certificaciones buscadas, por lo que me alegro. En ese sentido, habrá correspondido la siguiente versión de la norma, perteneciente a 2008.

¿Por qué no continué trabajando allí? Solo puedo decir que la decisión no pasó por mí. Recuerdo que, durante mi última semana, una nueva practicante había llegado y estaba siendo capacitada, aunque en un puesto relativamente distinto. Al menos, en esos últimos días, no conocí de alguien que iba a tomarme la posta.

¿Me hubiera mantenido si me hubieran ofrecido quedarme? He pensado en la respuesta más probable para ese momento, y es negativa. ¿El motivo? El año académico, que ya había empezado. Me tocaba llevar siete cursos el semestre 2007-1 y, si todo iba bien, otros siete para el 2007-2, incluyendo el desarrollo de mi tesis a lo largo del año. En otras palabras, iba a ser mi último año, y el trabajo me estaba consumiendo bastante espacio de estudio.

Sé que hay estudiantes que trabajan y estudian a la vez, pero ese ritmo iba a interferir mucho con mi aprendizaje, además de la vida deportiva que había venido llevando hasta ese momento, la cual habría desaparecido. Sin embargo, en todo momento, gracias al soporte económico familiar, pude dedicarme a mis estudios y disfrutar de la vida universitaria. Creo poder decir que di lo mejor de mí para corresponder de la mejor manera posible a dicho esfuerzo.

Por supuesto, toda experiencia laboral tiene, además de los grandes momentos, dificultades por superar. Llegué a trabajar con magníficas personas, con las que ya he perdido contacto. Solamente, cada vez que me he cruzado con uno de mis ex compañeros de trabajo en la universidad, hemos mantenido el saludo cordial y, de ser posible, breves conversaciones. Él también conoce a mi hermano, así que siempre ha existido familiaridad. Además, aparte de haber sido mi profesor en la maestría en Ingeniería Industrial, ocasionalmente me he cruzado con quien, a la fecha, ha seguido ejerciendo como director del instituto, y mantenemos también un saludo cordial.

Si tuviera que resaltar los mayores aprendizajes de mi paso por el IC PUCP, serían los siguientes. Primero, indudablemente, mi primera experiencia de trabajo con la norma ISO 9001. Si bien se trató de una versión ahora obsoleta, me sirvió para tener un primer entendimiento de cómo ordenar los procesos en una organización desde el plano operativo (lo cual no vi en el curso que había llevado el año anterior, basado principalmente en la interpretación de los requisitos de la norma). Este mecanismo, si bien me pareció de cierta rigidez (y más ahora, cuando lo que prima es el archivo electrónico), lo apliqué como herramienta en el desarrollo de mi tesis de licenciatura.

El segundo aprendizaje se relaciona con la importancia crucial que existe en el compromiso de una dirección para que un proyecto pueda tener un futuro. Si bien no me refiero específicamente al instituto, pude percibir de primera mano que, si la dirección de una organización (por ejemplo, una gerencia) no soporta una iniciativa, es muy difícil que esta pueda desarrollarse correctamente. Este aprendizaje lo volví a presenciar en otra experiencia muchos años después.

Finalmente, el tercer aprendizaje estuvo en el reconocer la importancia de ser más desprendido con mi tiempo y mis posturas, aunque ello vino luego. En una ocasión conformada por ciertas características, fui solicitado, de parte de un superior, hacer una diligencia que excedía mis funciones, y, si bien la realicé, dejé un comentario de reclamo a quien me la pidió. Soy consciente de la percepción que ese detalle puede haber atraído hacia mí por parte, al menos, de quien me transmitió el mensaje, y que solo atinó a mirarme con desconcierto y molestia antes de seguir su camino.

Por largo tiempo, me justifiqué a mí mismo, pero en el fondo sabía que debí haber mostrado otra postura, una de receptividad, ya que es así que pueden construirse mejores relaciones laborales. Y, si hay algo por decir, siempre que sea necesario, se puede hacer en un momento distinto y con ecuanimidad y asertividad.


Foto de portada: Pexels.

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