Hay cosas que son muy difíciles de detener

De costumbres y libros


Es difícil. Para mí, lo es, al menos. Hay momentos en que las cosas no andan tan bien. Me parece que es algo que le pasa a todas las personas en algún momento de sus vidas. Y no me refiero a lo pasajero, como un dolor de cabeza, un examen por superar en un curso cuando las prácticas previas han salido bajas, una conversación con un amigo con quien se ha tenido un malentendido. No. Esas son situaciones más puntuales, que van a llegar a una resolución en menos tiempo (sin que necesariamente sean de menor importancia). Me refiero a esos momentos que se extienden por un largo periodo; aquellas ocasiones en que, sin darte cuenta mientras has estado avanzando con tus asuntos del cotidiano, de repente abres los ojos y ya pasó más de medio año sin que hayas llegado al punto al que deseabas llegar.

Por supuesto, si tienes voluntad, vas a ir alcanzando otros hitos, pero ese que más esperas aún no llega. Justamente, recuerdo ahora una conversación que recientemente volví a escuchar mientras miraba unos minutos la televisión. Se trata de la película La La Land, cuando el protagonista afirma, para defenderse de una crítica hacia su situación económica (y el orden en su vida en general), que una manera estratégica de afrontar la vida es dejar que esta te golpee varias veces hasta que llegue el momento de contraatacar. Es muy gracioso, ya que él se siente seguro de que su visión de futuro le va a alcanzar, y no desea considerar otras miradas. Esas situaciones en que solo tú ves la evidencia de que se va a dar un cambio y te obstinas en ello.

En mi caso, particularmente, se trata el ámbito económico, y puede llegar a ser frustrante. Puede, pero no necesariamente lo es. Admito que me somete a una situación complicada emocionalmente, ya que he tenido que dejar algunas actividades que, en otras circunstancias, podría haber ido a por ellas. Por ejemplo, pronto se viene la convención de egresados de mi universidad en Barcelona, y me hubiera gustado estar. Asimismo, el 4 de octubre, mi banda favorita, Iron Maiden, estará en el Rock In Rio de Brasil, y no podré ir. Además de ese concierto, estará pasando por otros países de Sudamérica, sin incluir Perú, y no podré alcanzarlos. Pero, quizás, lo que más me duele es haber dejado de practicar la caminata de montaña. Esta es una actividad en la que es mejor mantener cierto ritmo. Si se va a realizar una vez cada dos meses, por ejemplo, es complicado, especialmente si se va a alturas cercanas a los 5000 m s. n. m. Ya no estoy comprando música tampoco.

No obstante, hay dos ámbitos que están teniendo una “suerte” diferente. Me he mantenido yendo al teatro. Sí, el teatro. Cómo me llena el espíritu. En este caso, no he intentado “parar”. Ha sido una decisión consciente el decidir no ahorrar en ese aspecto. En cambio, en el otro ámbito, sí ha habido la reflexión y el deseo de detenerme. Lo he meditado, he hecho cálculos mentales, he dicho “esta es la última”, pero me he visto sometido a mi propio deseo. Se acumula dentro de mí la “bendita” tentación de comprar libros. Me he delatado. Y, realmente, me siento indefenso frente a ello.

¡¿Cómo no amar las letras? ¿Cómo no amar los debates académicos, los reportajes, las crónicas, los análisis sociales y políticos? ¿Cómo no amar las investigaciones y estudios?! Cómo no amar la expectativa de que, al entrar todo ello en tu mente, podrá enriquecer tu conocimiento y, por consiguiente, tu forma de mirar el mundo.

Lamentablemente, he hecho un nuevo desembolso (deseado) en un momento que, sin lugar a dudas, no es el mejor. Me disculpo con mis familiares por esta decisión, ya que me han estado apoyando económicamente en momentos clave (seguramente, mi padre será el primero en leer este texto. Hola, Pa’. Como siempre me dices, seguiré intentando controlar, lo prometo). Sin embargo, no estoy de brazos cruzados, y es por ello que no me siento completamente mal. Grandes prospectos se están abriendo y voy en el camino tras ellos. Ya comentaré más adelante de qué tratan.

No me queda más por decir, aparte de que estoy totalmente entusiasmado por lo que deseo conseguir a futuro. Debo poner el pie en el acelerador en lo que vengo llevando a cabo.

Por cierto, estas son, en simple (autor o editor y título), las adquisiciones:

  • César Itier. Diccionario Quechua Sureño – Castellano
  • Jacqueline Fowks. Mecanismos de la posverdad (2da ed.)
  • Umberto Jara. El Outsider. El origen de los aventureros en la política peruana
  • Charlie Becerra. El origen de la hidra. Crimen organizado en el norte del Perú
  • Claudia Cisneros. Resistir e insistir. Desobediencia civil en el Perú. (Columnas políticas 2013-2016)
  • Miguel Giusti (Ed.). El conflicto de las facultades. Sobre la universidad y el sentido de las humanidades

¡Hasta la próxima!

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