Andre Matos por siempre

El sábado 8 de junio, por la mañana, se reportó que Andre Matos, un músico excepcional y admirado por muchos, había fallecido. Este suceso fue replicado en un mensaje el mismo día en la tarde por Angra, la banda que había fundado junto a otros amigos, pero de la cual ya se había apartado. El domingo, de madrugada, la página de Facebook de Andre confirmó que la causa del deceso había sido un paro cardiaco. Fulminante. Por mi parte, no me percaté de la noticia sino hasta dicho día por la tarde.

Sabía que algo pasaba cuando, al cruzarme con una publicación de Angra (diferente de la que mencioné antes), vi que se trataba de un video cuyo comentario de presentación (en portugués) incluía las palabras “homenaje” y “Andre”, que saltaron a mi vista. Un hecho así no podía ser coherente: Matos y su ex banda venían distanciados desde hace muchos años. No había una razón aparente para que Angra haya realizado un homenaje al músico de un momento a otro. “Algo ha pasado, debo ver esto”. Al instante siguiente, caí en la triste realidad de que Andre había dejado de ser parte del mundo para ir a un lugar mejor.

Empecé a buscar noticias y publicaciones para enterarme de lo que había sucedido, y fue así que fui cayendo en cuenta de los hechos. En algún momento me quebré, pero no lloré. Se trata de un personaje lejano, sin duda. Pero alguien que me ha inspirado mucho y a través de cuya voz he vivido. Alguien con un talento excepcional que aportó tanto a la música, y en especial al género del heavy metal. Los mensajes de reconocimiento a su persona estaban por todo lugar. Kiko Loureiro, ex compañero de Matos en Angra, pidió un día libre en su trabajo con Megadeth para poder darle tiempo al duelo. En medio de ello, publicó un video espontáneo donde contó un sinfín de anécdotas vividas entre ambos. Ya habían pasado 20 años desde la última vez que habían conversado. Así de fuerte había llegado a ser la distancia entre Andre y su vieja banda. Las diferencias fueron grandes, pero no es tema de esta carta.

Lo que yo deseo es dirigirme al propio Andre desde mis propias palabras, mi manera de homenajearlo.

Para ti, Andre. Espero que puedas leerme.


Conocí a la banda el 2007, Angra, en algún momento de los primeros cuatro meses del año. Sin embargo, la primera voz que escuché no fue la tuya, sino la de Edú. Tú ya la habías dejado hace varios años. Pero, indudablemente, en el camino iba a llegar a ti, y puedo decir que lo primero que escuché en ese sentido fue la más-grande-que-la-vida “Carry On”, un tema que habla acerca de seguir adelante, como lo resalta el nombre. Para ese entonces, aún me encontraba explorando entre mis primeras bases en el género de mi preferencia, pero no me faltaba experiencia para darme cuenta de que tu capacidad era inalcanzable. ¡Qué alegría me dio saber que había descubierto una banda tan buena y que, una vez más, iba a significar un siguiente paso en lo que considero calidad de vida!

Ese “Carry On” fue la del demo, y junto con ella conocí a las demás. Me enamoré instantáneamente: “Angels Cry”, “Evil Warning”, “Time”, “Queen of the Night”, “Don’t Despair”, “Reaching Horizons” y “Wuthering Heights”, además de la ya mencionada. A este día, puedo decir, sin temor a equivocarme, que “Reaching Horizons” es la balada más grandiosa que he escuchado, y la que me transporta a lugares de mi interior donde se combinan la dulce tristeza y una extraviada añoranza, que siempre flota en el aire sin llegar a posarse sobre nada ni nadie. Y he cantado esa canción, sí. Muchas veces. En algunas, fui un fiasco; en otras, no lo hice mal. Es la versión demo la que está grabada en mi alma. La melancolía que explaya es, de alguna manera mística, inspiradora. “Reaching Horizons” ha sido siempre la cumbre de mi vida, el punto máximo al cual aspirar a llegar, aunque sepa que esa cumbre es solo transitoria: lo certero es la continuidad. La continuidad de la vida, la continuidad del sueño, del pensamiento y del recuerdo.

Estamos todos inmersos en una perpetua vorágine de incertidumbres. Vivimos estableciendo seguridades para nuestras vidas, ya que sin ellas no podríamos vivir. Pero jamás llegamos a tener el control completo de los acontecimientos. Y es gracias a eso que la vida, aunque difícil, y a veces rayana en lo insostenible, se hace impecablemente hermosa. El control es solo una ilusión, y eso podría resultar en una triste felicidad. Pero, a pesar de ello, lamentablemente, yo jamás iba a imaginar que, de un momento a otro, en el minuto más cotidiano entre los minutos, ibas a decir adiós. No es algo que pueda preverse y, con gran pena, veo pasar el hecho de que ya no estás con nosotros.

Es extraño. Siento que te he conocido desde hace tiempo, pero obviamente no ha sido así. Siento, al escribirte, que estoy hablándote cara a cara, que estás frente a mí escuchando. Has acompañado mi vida y, sobremanera, te agradezco. Has sido parte de la construcción y fortalecimiento de mi seguridad a través de la música, y es justamente la música la que me ha permitido hacer esta conexión con tu persona. Es lo que escuchaba hace poco en un video donde eras homenajeado. La música le otorga demasiado a nuestras vidas. Y por ello, y tu aporte, te digo gracias.

Qué orgullo me causó en todo momento que fueras sudamericano. Siempre fuiste como el oro en el mundo que admiro, el heavy metal. Siempre supe: “Sí, tenemos a Matos”. Me parece que la construcción de símbolos es muy importante para forzar y/o reforzar las identidades, y lo sudamericano es un sentimiento de hermandad.

A pesar de que te he estado escuchando recientemente, ¡cuánto ya extraño tu voz! La voz de alguien queda perennemente ligada a su existencia en vida. Incluso, si eres cantante y tu trabajo ha quedado vastamente registrado, la percepción de la voz es distinta, va más allá. Es saber que esa persona que te está “hablando” a través del parlante ya no está, y es triste. Pero el gozo queda, así como el legado, la inspiración y también la melancolía.

Eres uno de los músicos que más admiré y de las personas que más me inspiró. En algún momento, me sentí fastidiado por tus expresiones sobre Angra, una banda a la que quiero tanto, pero es algo que puede quedar de lado. Ahora te toca ir con la Reina de la Noche y volar hacia otro horizonte, donde una vez más tus agudos se hagan escuchar.

Mientras tanto, yo, aquí, continuaré mi andar en un mundo que cada vez se acorta más. Lo que aprendí de ti lo llevaré siempre conmigo. Como esas técnicas de canto que interpreté e intenté poner siempre en práctica. Como esas letras llenas de contenido que apelaban a una mirada profunda del propio ser, de la propia filosofía. Como el reforzar el saber de que el trabajo arduo, la profundización del conocimiento y la intensidad de la práctica me pueden llevar hacia el horizonte al que deseo llegar.

Infinitas gracias, Andre Matos. Que Dios y el cielo te guarden por siempre.

Janis


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