Taquile, grises y colores. Parte 2

Con base en una referencia previa, republico la siguiente historia originalmente lanzada al público el 3 de marzo de 2016 en este blog, pero con alguna edición extra. He intentado mantener la esencia del momento en que la escribí, como si me encontrara en aquel tiempo. Esta es la segunda parte.

Al llegar, el esquema fue el mismo que al partir. Debíamos caminar por el jirón Titicaca hasta cruzar la avenida Costanera. Allí estarían las van que llevarían a los pasajeros a sus respectivos hospedajes. Decidimos no subir, ya que estábamos muy cerca.

Había decidido darle, personalmente, el carnerito de lana a quien en esta historia llamé Bianca una vez 1, pero ya no la vi más ni pude despedirme. Me crucé con una de sus amigas Camila, y le pedí que por favor se lo diera. Ella aceptó muy amablemente y me despedí rápidamente.

Solo faltaba regresar.

Foto por el chino Liu.

No me queda de las chilenas más que algunas imágenes digitales y recuerdos, pero no dejo de hacer la siguiente reflexión. ¿A qué va esta insulsa antipatía que sienten los peruanos hacia los chilenos? Claro, me refiero a un grupo de peruanos, no a todos. No todos tienen esa infecciosa mentalidad, con la cual no solo infectan las relaciones con el país vecino, sino también el sentimiento de peruanidad, el cual debilitan en vez de fortalecer 2.

En general, el motivo principal de esta aberración es creer, quizás inconscientemente, que la Guerra del Pacífico, que sucedió entre 1879 y 1883 sigue vigente, con el consecuente, pero siempre irracional, desprecio, natural o autoimpuesto, hacia los chilenos por serlo. En ese sentido, está el creer que todo chileno es alguien con quien se debe combatir, por ser peruano, desde la posición en que uno se encuentre; es decir, no necesariamente como un soldado.

Sin embargo, incluso si estuviéramos en aquella época de guerra, o en una guerra en la actualidad, ¿por qué existiría aquel deseo de odio? ¿Acaso no son los ejércitos los que generan la matanza 3 y, detrás de ellos, los gobiernos y sus decisiones? ¿Qué tiene que ver el ciudadano de a pie? ¿Qué tienen que ver las demás (millones de) personas que habitan el país? Si añadimos el componente del tiempo nuevamente, ¿qué tienen que ver las nuevas generaciones? 4

Yendo aún más allá, incluso refiriéndonos a los gobiernos, que lo organizan todo, no podría culpar a nadie por sentir odio si la guerra afectó a los suyos o a la gente de su país en general. Pero, ¿acaso no sería coherente sentir lo mismo 5 hacia el propio gobierno cuando ha cometido actos de lesa humanidad contra sus nacionales? 6 Y, si un ciudadano peruano de a pie criticara a un ciudadano chileno también de a pie por sus antipatías contra los peruanos (que, en definitiva, no es el caso de todos), ¿lo ha hecho sin haberse topado nunca con otros peruanos cuyo comportamiento ha contribuido y contribuye a hacer de éste un peor país? ¿Acaso él mismo tiene las manos completamente limpias?

Lo único que se visualiza son puros berrinches y no razones reales. Haber declarado la “eterna guerra” a Chile es una de las cosas más absurdas que me toca presenciar como peruano en la actualidad 7. Es tan solo el reflejo de las propias inseguridades y debilidades latentes el buscar un lugar donde colocar el odio que se carga sobre los hombros, que muchas veces es un odio no reconocido hacia uno mismo. Tan solo hay que revisar las redes sociales para darse cuenta de que hay gente que solo existe para intentar dañar a otros 8.

Así, se sienten liberados. Insultar a otro les hace creer que son mejores que la persona a quien insultan, y eso los lleva a sentirse mejor consigo mismos, pero lo único que refleja es el profundo vacío que habita en su interior. La gente debería saberlo cuando recibe un insulto para no sentir cólera, sino pena. Claro que, a veces, es inevitable que hierva la sangre, parte de la vida.

A ustedes, grupo de peruanos y chilenos que se odian mutuamente sin conocerse siquiera, les comunico que no comulgo con sus principios. Espero que pueda haber, algún día, alguna transformación en cómo enfocan sus perspectivas. Y, sobre todo, a ti, peruano, ¿tu idea es jugar a ser un supuesto “patriota” insufrible? Entonces, hazlo de otra manera, hazlo bien. Honra a Grau, Bolognesi y Ugarte, y tantos otros héroes que lucharon en la Guerra del Pacífico, mediante la construcción de un mejor país. Seamos mejores, no odiadores 9.

No hay más palabras en las que pueda pensar ahora.

Foto por el chino Liu.
Foto por el chino Liu.

El señor de Orillas del Titicaca nos dio ahora una habitación más limitada y al mismo precio de antes (cuando hubo un cómodo ajuste). Estuvimos descansando allí un rato y, más adelante, los truenos empezaron a sonar, o eso pareció. Alrededor de las 6 p. m., salimos al terminal terrestre a cenar.

Liu deseaba viajar a Copacabana, Bolivia, al día siguiente, por lo que estuvo preguntando por pasajes. En un restaurante que está en el segundo piso, el menú estaba 5 soles: entrada, segundo, postre y refresco. Pedí un jugo de piña (o mango, no recuerdo) y estaba 7 soles. ¿En serio? Igual, no fue el menú lo que comí. Estuvo muy bueno el lomo saltado.

Antes de retornar al hostal, Liu encontró dónde comprar su viaje a Copacabana. Consultó si con su carné de extranjería podría ingresar a Bolivia sin problema, y le dijeron que sí. Todo iba quedando cerrado. En cuanto a mí, mis planes eran regresar a Juliaca en la mañana del día siguiente, 21 de diciembre, donde me quedaría a dormir, ya que mi vuelo a Lima partía el 22 temprano.

Con los planes hechos, solo quedaba llevarlos a cabo. Retornamos caminando al hostal. El recuerdo del imponente Titicaca estaba aún presente.

Notas

1 Sí, la chilena de pelo rojizo que se había colado en mi ser. Mencionaría su nombre real si lo recordara.

2 La peruanidad no puede quedar definida a partir de una antipatía irreconciliable con una determinada nacionalidad extranjera. En sí mismo, es un argumento cargado de fragilidad.

3 Un asunto de amplia complejidad, ya que, independientemente de sus convicciones y posibilidades de rebelión, los soldados acatan órdenes, sin que eso los exculpe. Hay una cadena de mando que operacionaliza, en cada nivel, las órdenes que se emiten en la parte más alta. Habrá soldados que obren por pura convicción y otros, con gran arrepentimiento. No estoy en posición para decir si ambas partes merecen el mismo grado de culpa; me excede conceptual y filosóficamente. Seguramente, la culpa también puede desagregarse, pero desde el lado de una víctima, en cualquiera de los bandos, ¿hace la diferencia? No lo creo.

4 Como decir, ni bien nazco y debo recibir todo tu odio.

5 De manera permanentemente abstracta.

6 Por supuesto, no estaba ni estoy promoviendo que así sea. Se trató y se trata de un análisis despojado de tapujos. Es decir, analicé y analizo la coherencia de algunas de las actitudes que son parte de la muy variada cultura peruana. Es claro que adolece de una gran debilidad en este respecto.

7 Es decir, en la actualidad de cuando escribí dichas líneas. Mi impresión es distinta ahora por el menor contacto que he tenido con evidencia del tipo en los últimos años, y esto está relacionado con la mayor selectividad con que ahora me movilizo. Sin embargo, sé que no es una tendencia que desaparezca tan rápidamente. No dudo de que, en el mundillo del fútbol, por ejemplo, donde las fanaticadas suelen vivir escindidas de la realidad, las antipatías sigan a flor de piel.

8 Si bien ya no uso las redes destinadas a la supuesta “interacción social”, sé muy bien que son plataformas visitadas para descargar frustraciones bajo la protección de la distancia y/o el ocultamiento.

9 No traté en mis palabras de aquella vez la decisión de no odiar o el hecho de no sentir ese sentimiento ante la tragedia, sin que eso acarree ningún calificativo negativo. Tan solo lo dejaré mencionado.