En octubre de 2024 fui al teatro del ICPNA a ver la obra María Estuardo, escrita por Dacia Maraini, dirigida por Alberto Ísola y actuada por Alejandra Guerra y Jimena Lindo.
En el texto que conforma esta saga de seis escritos, pruebo una nueva manera de compartir. En principio, todas las citas textuales insertadas corresponden al programa de la obra. Sin embargo, los textos interpretativos donde cité a mi “segunda fuente” son adaptaciones (generalmente menores) de las respuestas a las consultas que realicé, en diferentes momentos, a ChatGPT. Para ellas, usaré un color de letra distinto.
A lo largo de la saga, además, por el propio contenido que requiere cada subtítulo, es posible que encuentres más de una reiteración temática.
Los tiempos
Apoyándome en mi segunda fuente, he visto interesante brindar un poco más de contexto histórico.
Durante el reinado de Enrique VIII, en 1534, Inglaterra rompió su relación con la Iglesia católica al aprobarse el Acta de Supremacía, que lo declaraba jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. No obstante, mantuvo una cantidad de doctrinas católicas.
Siguieron periodos de vaivén. Primero, por medio de Eduardo VI, hijo de Enrique VIII, se llevó a cabo una reforma protestante (1547–1553), que incluyó la introducción de la liturgia en inglés y la abolición del celibato clerical. Segundo, con María I Tudor, hermana de Isabel y apodada “María la Sanguinaria”, Inglaterra volvió brevemente al catolicismo romano. Durante este periodo de restauración católica (1553–1558), se persiguió a los protestantes. Finalmente, a través de Isabel I (1558–1603), al subir al trono, se restableció el protestantismo, pero a su manera: recuperó el Acta de Supremacía, estableció la Iglesia anglicana (un punto medio entre el catolicismo y el protestantismo) y mantuvo una liturgia tradicional con autoridad real sobre la Iglesia, sin obediencia al papa.
Relaciones entre Escocia e Inglaterra en tiempos de Isabel I
Tradicionalmente, Escocia estaba aliada con Francia y, tras la reforma escocesa de 1560, muchos nobles escoceses se adscribieron al protestantismo, lo que significó alejarse de la influencia francesa y acercarse en lo religioso a Inglaterra. Como parte de dicha reforma, Escocia rompió su relación con el papa y suprimió la autoridad católica, adoptó el calvinismo y dio nacimiento a la Iglesia presbiteriana, liderada por John Knox.
Cuando María regresó a Escocia en 1561, viuda, de 18 años y reina católica, gobernaban regentes protestantes que recelaban de su religión, por lo cual se vio políticamente debilitada. Tras su fuga a Inglaterra, su país quedó bajo la regencia de su hijo Jacobo VI, presidida por la nobleza calvinista.
Como Isabel y María compartían la sangre Tudor–Stuart, la falta de sucesión clara en Inglaterra convertía a Escocia en un foco de intrigas. Por un lado, Inglaterra no quería un monarca católico en su frontera y Escocia aspiraba a una mayor autonomía de la influencia inglesa. Esto contribuyó a un equilibrio inestable: durante las décadas de 1560–1580, si bien se evitaban las hostilidades abiertas, la frontera se resguardaba y los espías de ambas cortes trabajaban sin descanso para asegurar sus intereses y desbaratar alianzas del otro bando.
De manera más específica, en tiempos de Isabel I, había una tolerancia limitada hacia los católicos mientras no conspiraran. Los católicos eran una minoría perseguida, especialmente después de excomuniones papales y conspiraciones como la de Babington. Tal persecución la realizó Isabel, más que por su fe, por la amenaza política.


