Había titulado originalmente a la especie de poema que leerás a continuación Libre, pero luego me pareció mejor hacerlo como se aprecia arriba. Estamos 2026 y tengo 41 ahora, aunque el borrador de lo que está debajo lo escribí cuando aún tenía 39. Posiblemente, en febrero de 2025, si me guío de los registros del archivo y de su propio contenido. Posiblemente, tras volver a casa después de la Obra Watanabe: todo el vasto fondo marino, absolutamente inspiradora. Quizá todavía quede algo de vigencia en algunas de las cosas que expreso allí, pero no es mi intención analizarlo a profundidad. Tan solo lo edité para de una vez lanzarlo.
Cuando llega el final de la noche, estoy solo.
Como si el cielo no pudiese ser más oscuro, aunque en realidad tanto no lo sea.
“El mismo cielo que nos cubre a los dos”, solía decir en el pasado,
pensando en una inspiración.
Ahora, podría estar queriendo que llegue el momento en que conozca el final de mi travesía,
donde ya no sea un corazón en azul lo único que vea.
Ayer falló todo de nuevo, pero hoy estuvo todo muy bien.
Después del teatro, me quedé por horas escuchando música,
y escribiendo estas líneas.
Hay tantos buenos temas, que la felicidad se duplica al pensar que,
cuando haya terminado mi recorrido, seguirán estando allí, resonando.
Como el dinosaurio al despertarnos, solo que esta vez el dinosaurio es amigo.
No tengo la facilidad de mi madre para crear versos.
Lejos del teclado, me viene una sensación de que podría escribir algo increíble,
algún retazo de palabras sentidas,
pero termino odiando y aburriéndome de todo lo que pongo sobre la pantalla.
A veces, pienso que necesitas sufrir para que emanen las palabras desde lo más hondo.
Esa sensación de no encontrar salida, pero a la vez confiar en la luz,
es fantástica para escribir.
Ha sido así muchas veces en el pasado.
Pero hace tiempo, mucho tiempo, que ya no.
Será que todo está superado
y lo nuevo no llega a penetrar el cuero de mi piel.
Será que casi tengo 40 y muchas cosas ya quedaron atrás
de forma definitiva.
Y ni hay vuelta atrás, ni lo extraño.
No obstante, si bien camino sobre una continua y sosegada salida, ya no necesito la luz.
Ya la encontré, si me entiendes.
De aquí, ¿a dónde iré?
No lo sé. No obstante, la música,
mi música, es decir, la que me gusta,
la que amo,
sigue allí, batiendo mi corazón
e impulsándome hasta el infinito.
Será cuestión de esperar.
¿No es acaso esperar lo que más he aprendido a hacer a lo largo de mi vida?
Debo, quizás, recordar cómo se hacía.
Mientras, será motivo para aprender a dormir temprano.
De nuevo.
Y luego, despertar a un increíble amanecer.

