Cuando no queda otra que el atardecer

Poco después de salir de Prusia y dejar atrás el arco de bienvenida, llegamos al local Schaus Bier, una cervecería artesanal, donde caía un atardecer absolutamente acogedor. Una vez allí, lo primero era recibir una charla sobre la producción de la cerveza y sus distintas variedades, pero no se encontraba un representante para realizarlo. No obstante, en una de las familias que conformaban nuestro grupo, un joven trabajaba en la industria de la cerveza —si mal no recuerdo, en Backus— y se ofreció de voluntario para, al menos, darnos una explicación introductoria a lo que inicialmente habíamos venido. Al otro lado de la barra, a la vista, estaba la maquinaria de producción, pero no tuvimos acceso.

Después, llegó el tiempo libre y pedimos dos cervezas: para mi hermana, una que ya habíamos tomado en el restaurante, frutada; para mí, una cerveza negra, con cierto sabor a café. Ambas, experiencias totalmente diferentes. Debo admitir que, para esa tarde, habría preferido una más sencilla al gusto. En cierto momento, Marino, el guía, se acercó y nos ofreció tomarnos una foto. Los rayos solares se interponían.

Tras reanudar la ruta, largo tiempo después, llegaríamos al punto que inicialmente habíamos dejado atrás, la catarata Rayantambo, la cual me pareció más interesante que Yulitunqui. De los tres, solo mi mamá y yo bajamos de la van. Inicialmente, nos estuvimos tomando fotos solo nosotros, pero luego vino Marino de nuevo y nos apoyó. Después, ya solamente continuaría un camino directo hasta Oxapampa.

Sentí que habíamos pasado un día maravilloso y, desde ya, sentía la añoranza.

Esa noche, tras alistarnos nuevamente, salimos a caminar por la Plaza de Armas y tomamos unos frapés con helado buenísimos. De retorno, pasamos por una tienda para comprar algo más. La noche estaba fresca.

El día siguiente tocaba Villa Rica, un viaje que nos trajo más de una preocupación por la partida, en su misma la noche, a Lima.

Pozuzo, en definitiva, quedó en mi mente y espíritu. He añorado volver, terriblemente. Llegará el momento en que pueda pasear a mis anchas en ese distrito y sus alrededores. Por ahora, me toca esperar.

Sigamos adelante.

Pozucita, Torito y Naomito.