Christian Leotta, un virtuoso

El 11 de octubre fui al III Concierto del Ciclo Sinfónico 2024, organizado por la Sociedad Filarmónica de Lima, presidida por Salomón Lerner Febres. En esta ocasión, se presentaba, en el auditorio del colegio Santa Úrsula —que había visitado previamente para ver a Anna Geniushene (Rusia)—, Christian Leotta (Italia) acompañado de la Sinfonietta de la Sociedad Filarmónica de Lima, bajo la dirección de Pablo Sabat.

Pienso que el título que he elegido para esta publicación anticipa en gran medida la opinión que voy a presentar. Sin embargo, antes de ella, una breve anécdota. El asiento que adquirí se encontraba en la primera fila, en la sección central de tres. Específicamente, en dicha sección y fila, con vista al escenario, estaba en el centro izquierda (usar este término me resulta gracioso, ya que a veces me pienso así en cuestiones políticas). Desde esa posición, la visión del artista es directa, muy aparte de la cercanía. Hacia el centro derecha, la visión está mediada por el piano.

Cuando llegué, encontré a una mujer en mi sitio conversando con un joven muy amenamente. Ella se apartó para yo poder tomar mi lugar, y yo les pregunté si se conocían, a lo que respondieron que no. Su conversación había sido espontánea, posiblemente debido a ella, de quien noté que se comunicaba muy fácilmente y aparentaba ser una apasionada de la música. Si se hubiesen conocido, posiblemente me habría quedado en el asiento a la izquierda de ella. Sin embargo, tan solo me senté en mi lugar, y quedé como un puente silencioso entre las conversaciones que seguía habiendo entre ambos cuando aún no iniciaba el espectáculo.

En un momento, poco después de tomar mi asiento, ella me quiso involucrar en la conversación. El tema del momento era la mejor posición para apreciar al artista. En su opinión, era justamente en mi asiento, y extrañamente, en medio de su desborde de palabras, me preguntó si yo tenía contactos en la organización para haber conseguido ese sitio. Simplemente le dije que no, que solo lo compré y que las ubicaciones estaban disponibles para todos.

El recinto está dividido en secciones y, de manera transversal, hay subsecciones de precios. El precio de mi asiento, del de ella y del de su compañero tenía que haber sido el mismo. Al menos, el del mío y del de él. En el caso de ella, tenía un asiento en la sección izquierda de la primera fila, pero se sentó a mi izquierda dado que estaba vacío. La compra es por puesta de mano, lo usual. Sin embargo, fue curioso de que ella creyera, a partir de su valoración personal del asiento donde yo estaba, que habría necesitado de “contactos” para conseguirlo.

En fin, el concierto. La reseña del programa de mano señala que Christian Leotta es “uno de los mejores intérpretes del repertorio clásico y romántico de su generación”. Asimismo, que, a los 22 años, presentó en Montreal el ciclo completo de las 32 sonatas para piano de Beethoven, con lo cual “irrumpió en la escena internacional”. Salomón Lerner Febres cuenta en su introducción que Leotta ha ejecutado ya esas 32 sonatas en Lima en el pasado.

El repertorio fue el siguiente:

Ludwig van Beethoven (1770 – 1827)

Concierto para piano y orquesta No. 1 en do mayor, op. 15

Allegro con brio | Largo | Rondo. Allegro scherzando

Intermedio

Concierto para piano y orquesta No. 3 en do menor, op. 37

Allegro con brio | Largo | Rondo. Allegro

Intermedio

Concierto para piano y orquesta No. 4 en sol mayor, op. 58

Allegro moderato | Andante con moto | Rondo. Vivace

Lo primero que diré, que no es una crítica, es que las sensaciones que me llevé fueron muy distintas de aquellas cuando escuché a Anna Geniushene. Por supuesto, había, en principio, una gran diferencia: ella estuvo sola en el escenario, mientras que a él lo acompañó una sinfonietta (podrás ver rápidamente en la web que esta es un conjunto de tamaño intermedio entre una orquesta de cámara y una orquesta sinfónica). Eso, porque su concierto correspondió a una sección distinta de la producción de la Sociedad Filarmónica de Lima.

Sin embargo, lo central fue el tipo de resalte interpretativo. A Geniushene la recuerdo como una maestra de la expresión musical, que engloba a su fabulosa destreza. En cambio, en Leotta, es la explosión de notas que, imparablemente, llegan hasta la estratósfera. Ninguno es más virtuoso que el otro. Fueron, simplemente, enfoques diferentes de comunicación musical.

Adicionalmente, como este post está dedicado al concierto del segundo, agregaré que lo que pude presenciar me hizo pensar en el camino trazado en la obra de teatro Inmortal, sobre la vida Beethoven y hablado por el personaje que lleva su nombre: que, en vida, debemos aspirar la virtud. Sufrir por ella, morir por ella.

Salí absolutamente inspirado por ambos intérpretes, Anna y Christian. Ojalá pudiera asistir a más de las presentaciones organizadas por la Sociedad, que son muchas en el año, pero no siempre es posible.

Desde aquí, un agradecimiento por tanta dicha emanada de la conjunción de tales mentes, manos y pianos.

Portada escaneada del programa de mano.