El viento

No te olvido.

Ninguna alegría me alcanza para que amarte no sea un golpe al corazón.

Te regalo mi abrazo y este beso, interminable.

Te regalo el pensamiento que formo sobre ti.

Existes en el pasado. Eres, ahora, tan solo una desconocida sobre esta sombría ciudad.

U otros aires.

Otra persona es quien, ahora, recorre tu piel.

Cada rincón. Cada olor. Cada color. En el frío y en el calor.

En este punto, cierro mi corazón.

Ya amé, te amé a ti.

Amor de mi vida.

Mi vida entera.

Existes en el pasado, vida entera.

Si no avancé, fue porque solo tú me copaste.

O porque, en esta vida, soy nada.

Nada, como enredado en una encrucijada sin poder moverme:

un desvío descartado; el otro, por tomar, pero sin querer hacerlo, porque no hay retorno.

En la inmensidad es que se pierde uno.

Ya no me verás,

ya no te buscaré,

pero dile a tu fantasma, por favor, que no me siga más.

O, quizás, nunca te busqué.

Tras cortarme el rostro, en la mísera nada

me dejaste.

Y es como la nada como me siento.

Tú lo eras todo; tan solo no me di cuenta.

Fui como alguien que pensó que tenía todo el tiempo del mundo.

Sí, me había dado cuenta: lo eras todo.

No nos dimos la oportunidad.

No me diste la oportunidad.

No quisiste que sepa.

Jugabas a la espontaneidad, pero a veces hay que saber comunicar.

¿Yo? Indudablemente, debí aprender a escuchar

tu silencio

tu mirada

tu última dificultad para tomar mi mano

Tu ser diciéndome que aún no ingrese, que te espere, pero yo ingresando sin que nada me importe más.

Lo siento, desde lo más profundo de mi ser.

¿Por qué no me dijiste que ya no querías estar a mi lado?

¿Por qué dejaste que desapareciera entre la niebla?

La niebla.

Del otro lado, no puedo ver hacia atrás.

En realidad, no hay ya nada más que ver.

Sin embargo, no sé, tampoco, cómo seguir.

Tal vez puedas decirle a tu fantasma que,

al menos por un minuto, tome mi mano, me mire,

y me haga sentir que fue real el que podríamos haber construido el mundo juntos

la belleza más grande

el horizonte más vasto

al amor más infranqueable

La oportunidad no era, lamentablemente, la correcta,

así que marché

marché

marché

Me marché, sin saber realmente que todo había sido una ilusión

y no te iba a ver más.

No verte habrá sido mi más grande pesar.

Pero, increíblemente, quizás, mi más grande inicio.

Porque ahora sé,

sí, ahora sé,

que fuiste el amor de mi vida.

Lo supe desde un principio;

es solo que me dejé llevar por el tiempo, lo único sobre lo que no tenemos control.

Y, al haber sido el amor de mi vida, puedo ahora saber que te tuve

te tuve

te tuve

te tuve

hasta que el abrazo en que te tenía explotó.

Y ya no te tengo más.

Por lo tanto, tomo el único desvío disponible,

sabiendo que el amor de mi vida vivió en mí,

y que ya no necesito nada más.

Solo tú, o el viento.

El viento.

Pasa un gran día.