Te miro como si la Tierra se estuviese desgajando

¿Qué hay más allá de tu mirada, en aquel maravilloso lugar que habita en tu mente?

¿Qué sientes?, ¿qué recuerdas?, ¿qué olvidas?

Te fui a ver, una vez más. Esta vez, en la Casa Yuyachkani. Nuestra cercanía ya no fue la misma, pero el impacto de la obra se mantuvo. Apenas, hubiese preferido que el columpio nos mirase de costado.

Tantos años he querido una oportunidad como esta, para poder apreciarte en todo tu esplendor. Supe de ti gracias al teatro, hace más de diez años. Más de diez años después de aquel momento, sigues estando allí, haciendo teatro; y yo, mirándote como si fuese la primera vez, aunque ya nunca lo volverá a ser.

No volveré a ser el mismo. Creo que las personas nos renovamos una y otra vez, pero son solo pocas cosas las que atraviesan una vida entera, o la suficiente como para poder decir, sin dudas, qué es lo que ha sido lo más importante y ha estado desde siempre.

Podría estar parado sobre una colina, tan solo observando aquella manta de colores cálidos que reposa frente a mí. Pensando en que una nueva aventura está por gestarse y va a requerir todo de mi ser, desde mi más esforzado ímpetu hasta mi más grande alegría. Una alegría que correría con lágrimas en los ojos, ya que su profundidad no podría existir sin un amor profundo. Un espacio de amor donde están las personas que más amamos. Por eso, emprender significa dejar atrás. Y, aunque se lleve lo más importante de la vida en el corazón, trazar un nuevo rumbo no implica necesariamente la posibilidad de llevar contigo aquel trozo de tierra donde estás sobre tus pies hacia el siguiente punto del camino.

Una vida entera no entra en la mochila que llevamos a la espalda, solo en la mente. Tal aventura, cercana y distante a la vez, significa también un quiebre con lo que creíamos posible, pero nunca pudimos alcanzar, o nunca tuvimos el valor de intentar, o no supimos cómo hacerlo. La vida se desenvuelve de muchas maneras, no solo en periodos prudentes de tiempo —el necesario para que las cosas acontezcan—, sino en instantes, como cuando aquella estrella fugaz pasa y no hay forma de que puedas tomarla ni verla más.

Si tuviera que repetir mi vida en algún tiempo futuro, cuando la Tierra ya no sea como la conocemos, no podría evitar saber que, en alguna parte de mi mente pasada, habrás habitado. Incluso, habiéndote vuelto tan inidentificable, habrás ejercido tanta presencia en esa historia que llegaría a esperar, inconscientemente, volver a encontrarte, de alguna manera, en quien seas en aquella extraña pero sorprendente nueva realidad.

No puede existir la posibilidad de que, cuando me llegue el tiempo de partir a dicha aventura, o a una vida futura, no hayas sido importante para mí. E inmensamente, como si ya no fuese necesario pensar ni sufrir por que los caminos que recorremos tengan un fin.

Inmensamente, como lo que me hace sentir tu rostro al verte.

Inmensamente, como si, tan solo al mirar tus ojos, ya habría llegado, por siempre cada vez, a donde había querido llegar.

Allá en la colina, pensaré en ti, y mis lágrimas serán de alegría por lo vivido. La pena será tan solo el reflejo de tu inmensidad en mí, una pena sin la cual no habría alegría posible.

Desde aquí hasta la inmensidad, te veo.


La base de este texto la escribí el 20 de julio de 2025.

Pasa un gran día.