No sé si fue el mayo perfecto, o quizá sea yo quien guarda, aún, cierto marco particular en su vida, el de creer en cuentos de hadas. Sin embargo, hay ahora algo diferente. Cuando ando por la ciudad, soy consciente de que millones de posibilidades están sucediendo, desenvolviéndose, a cada instante a mi alrededor. Es en ese mismo acontecer que, a veces, y solo a veces, algún subconjunto de ellas traza un camino que no puedo rechazar.
Van muchos años ya desde que te vi por primera vez. El 11 de junio se cumplió una década, para ser exacto. Cuánto ha pasado por mi vida desde aquel entonces. Hace poco fui a verte en Mi madre se comió mi corazón una vez más, una grandiosa experiencia de nuevo. Como si hubiera una forma de no disfrutar, como si fuese la primera vez, una obra tan bien escrita y, sobre todo, tan bien interpretada. ¡Qué pena me dio saber que se acababa!
Allí estabas tú, una vez más, dando lo mejor de ti. Todas las emociones en un periodo tan corto de tiempo, desde la ternura más grande, aquella con la que todos nos identificamos, hasta el vacío más insalvable, desde donde, a pesar de su oscuridad, aprendemos a ser fuertes, salir adelante y construir nuevamente el mundo. Siempre, sin dejar de amar.
En esta sociedad tan cruel, como lo decías en la obra, dejamos rutas que, aunque insignificantes para la mayoría, cargan las huellas de nuestros pasos para que, los que vienen detrás, puedan andarlas. Hay formas de superar esa crueldad.
Hay formas de volver a vivir en el amor: una fuerza inabarcable y manifestada de maneras infinitas.
Eso es lo que me dejas, tanto antes como hoy y en lo que esté por venir. Me llevo lo mejor de ti: resuena en los cielos como mil sinfonías que todo lo abarcan, que todo lo llenan, y me empapa de las más brillantes luces del sol y de los paisajes más seráficos.
Pero, el momento estaba llegando a su fin.
Te encontrabas tan cerca de mí, que lo único que podía hacer era no perderme un segundo de tu existencia. Entretanto, los cielos seguían cayendo, como dice una canción. Se iban desmoronando, pero tan hermosa era su composición que, en el horizonte, se confundían, sin límite, con lo terrestre, contigo.
Ahora, te digo adiós silenciosamente, inmerso en la multiplicación de los aplausos. Mientras tú, sobre el escenario, sonríes al público sin dejar de agradecer. Mientras te retiras, no sin compañía, a la vez que el torrente ha empezado a amainar tras haber cumplido su propósito.
¿Y en cuanto a mí? Tan solo me toca pasar a la siguiente parte de mi vida.
Esperé tanto este mes, este mayo, que ahora ha visto su culminación. Como si fuese el cierre de una década que nunca hubiese esperado que se desenvolviera como lo hizo. Tal vez, la vida esté creada para revolverse a sí misma una y otra vez y llevarnos a todos de encuentro.
Lo único continuo es el amor.
Gracias, infinitas gracias. Me has inspirado para siempre.
La base de este texto la escribí el 1 de junio de 2025.





