¿Crees que podría suceder que no significaras la renovación absoluta de lo que entiendo por vivir?
Me falta creatividad para escribirte más palabras. Más precisamente, para escribir las palabras que me gustaría estar escribiendo.
Verte de nuevo fue absolutamente inspirador y me llenó de orgullo; tantos años te he llevado ya en mi mente. Tantos, que pienso en la trascendencia: sumergida plenamente en tu arte, observo un pasado y un presente conectados por una misma línea que, a su vez, mantiene la vigencia de ese pasado y ese presente sin ningún resquebrajamiento.
Mientras transcurre la obra, te despliegas como si fueses mil y una formas a la vez. Todos los matices, velocidades, intensidades, posiciones, emociones, silencios y estruendos. La tormenta y la calma como un solo ser, un ser infinito, para representar la profunda conexión entre una madre y su hija, entre las madres y sus hijas, envuelta en el intenso e inabarcable amor que acarrea, y empapada de las mil y una consecuencias que aquel amor produce al interior de las vidas que hay que vivir.
Al final, quedas solo tú. Tú y tu columpio, meciéndote hacia adelante y hacia atrás, mientras la luz se va diluyendo, mientras la vida encuentra la manera de seguir viviendo. Quizás esa imagen haya sido cada uno de nosotros, todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas: tú y tu columpio, tú meciéndote con él. Nosotros, despojándonos de todas nuestras cáscaras y quedando en nuestra versión más pura, más limpia; acaso tristes, pero sabiendo que, detrás, con lágrimas, alegrías, penas y gozo absoluto, nos sostienen las personas que amamos, que nos aman, y que llevamos para siempre en la sangre.
No hay manera de que no seas una inspiración para mí. No podría saber si, en alguna de nuestras grandísimamente efímeras comunicaciones sucedidas en el pasado, y solo durante aquellos pocos segundos, hayas aprendido eso de esta persona que te escribe. Que te escribe tanto, aunque estas palabras no estén destinadas a llegar a ti. De esta persona que no dejará de ir a verte y que no olvidará este mayo, mágico e irrepetible.
El silencio copa la noche y tan solo una melodía la acaricia, trayendo consigo una melancolía que no puede ser obviada. La escucho ahora, cómo entra una vez más por mi cuerpo y me envuelve por completo, para luego transformarse en una explosión de emociones. Es de allí que sé que habrá un camino. Un camino hacia la eternidad, hacia lo más alto del mundo, hacia los cielos, hacia las imágenes más hermosas e inalcanzables. Hacia un lugar donde tu corazón se habrá desvanecido y me encontraré solo, como estoy ahora, con mis dedos discurriendo sobre un teclado.
¿Qué fue lo que me faltó hacer? Todo. Te volverás aire, viento, y pasarás por mí. Allá, donde la vista ya no pueda llegar, irá tu ser, como una ilusión, como un manantial, o como un llanto interminable que, a pesar de acompañar la realización del más grande de los sueños, existirá por no estar estos completos.
Esta melodía estruja todo mi cuerpo. Llegará el tiempo en que deba pararme y empezar a caminar nuevamente. Mientras haya luz en el cielo, en el día y en la noche. Mientras estas piernas puedan andar y seguir subiendo. Mientras pueda seguir avanzando hacia la culminación de todos los sueños.
Tú serás la materia de dichos sueños, una idea inacabable de un eterno dramaturgo que ya todos conocen. Serás la materia de los sueños que englobarán a todos los demás. Mil y un sueños que estarán llenos de ti.
La base de este texto la escribí el 22 de mayo de 2025.





