Viví cada sueño, pero nunca pudiste estar fuera de ninguno. Viviste cada sueño conmigo, aunque no hayas estado allí.
Aunque nunca estarás allí.
Sin embargo, tanto tenía que pasar para poder verte de nuevo.
Tan nueva.
Tan libre.
En el mismo escenario donde conocí de ti. El mismo. Tú frente a mí, yo frente a ti. Pero yo, tan solo un público, una masa. Tú, un ser más grande que la vida.
Lo hiciste todo, lo probaste todo, lo intentaste todo. Al final, con esa sencillez que tanto te caracteriza, tan solo te paraste frente a nosotros, con ese rostro tan acogedor, esa sonrisa tan cálida, agradeciendo silenciosamente a un sonoro aplauso de pie por lo que te vimos hacer.
Cómo olvidar tu presentación, cómo olvidarte a ti. Los escenarios siempre se cierran, el telón siempre se baja, cae. Tú, en cambio, que tanto me has inspirado, que tanto me has hecho pensar y sentir que al menos un pedacito de paraíso existe aquí y ahora, has estado tanto detrás del telón como por delante, aunque no esté hablando esta vez de teatro.
Te he podido ver y conocer, aunque sea mínimamente. He podido besar tu mejilla y, si bien ya han pasado muchos años de aquello, en algún momento del girar del mundo supe que no quería alejarte nunca más; aunque eso sea, justamente, lo que más haya hecho.
No intencionalmente, no.
Tan solo le llamo continuar viviendo, sabiendo que la madurez automática que llevamos ya no permite perderse en los tontos sueños de cuando éramos más jóvenes.
Aun así, aquí he estado, frente a ti, aplaudiéndote, aplaudiéndote como nunca, mirándote y, a la vez, evitándolo, sabiendo que la noche terminaría en algún momento y tu rostro y tu cuerpo ya no serían parte del mismo aire que iba a respirar.
Al final, solo quedo yo y esta soledad, aunque sea una soledad en la mejor compañía del mundo. Pero, con un espacio imaginario a mi lado que solo podría existir para ti. No, no para estar juntos, sino solo para conversar y reír, en medio del silencio, y contarnos mil historias de todo lo que ha pasado y lo que está por venir.
De lo que siempre estará por venir. Como la siguiente vez que, en esta maravillosa realidad que vivimos, tan llena de penas, ¡¿a qué no?!, te podré volver a ver allí, sobre el mismo escenario, para beber de la esencia de tu ser y aplaudirte, de nuevo, como nunca antes.
La base de este texto la escribí el 6 de mayo de 2025.





