Lúa Rodríguez

Cuando vi por primera vez la obra Tanabata, la fantástica y sobrenatural línea de su historia no fue lo único que captó mi atención. Me sentí muy atraído hacia quien representaba el carácter sanador de la naturaleza. Posteriormente, aprendería que su nombre era (es) Lúa Rodríguez y que, además de su desempeño como actriz, su profesión central es la de cantautora. Al menos, de cara al público.

Busqué su música y me agradó. Debo recordar que el género de mi preferencia es el metal —es más, estoy escuchando el álbum A view from the top of the world de Dream Theater mientras escribo (el borrador de) estas líneas—. No obstante, eso no opaca mi capacidad de apreciar otros tipos de música y, la verdad, por lo visto, aunque su producción no es tan amplia aún, Lúa me parece una compositora muy creativa y una artista muy interesante, con una voz que se siente como una caricia y sin ningún miedo a experimentar.

No diré que todas sus canciones me gustan al mismo nivel, pero la llamada “100%” es la que más me entusiasma. Es sincera y dulce, pero no sin cierto matiz trágico, como si, sutilmente, te fuera llevando hacia una dimensión donde todo queda difuminado, nublado. Sus calmadas melodías generan sensaciones que no reposan en zonas convencionales de la mente, como si, poco a poco, te hiciera entrar en un limbo por causa de un sentimiento al que no le ves posibilidades de desarrollarse más allá de lo esperado, lo deseado.

Esperaría y apoyaría que artistas así tuviesen más difusión, y por ser, además, peruana. Sin embargo, entiendo la filosofía de los negocios y las limitaciones que puede acarrear. De todas maneras, me alegra que haya artistas de mi país que se lancen a llevar a cabo lo que les apasiona sin dejar que el a veces limitado alcance de los nichos donde surge su arte los detenga.

Nota. Imagen de portada creada con Copilot.