Desde la distancia y la cercanía a la vez, una familia y una sociedad en el teatro

Como una uva seca al sol posiblemente sea la obra total. Escrita por Lorraine Hansberry, fue presentada este año, traducida por Indhira Serrano, en el Teatro Antonio Banderas del Centro Español del Perú, bajo la dirección de Ebelin Ortiz y un elenco que hace una puesta en escena verdaderamente magistral.

Decía, posiblemente la obra total, aunque no puedo negar a otras obras que también merecen esa categoría (por mi parte, sin ser ningún experto, valga agregar). Hablar de una obra sin contar de qué trata puede dejar una sensación de incompleción, pero es justo una de las cosas que menos me gusta hacer. Seré excesivamente breve.

Una familia estadounidense, de integrantes afrodescendientes, con recursos limitados pero no escasos, está intentando hacerse un mejor lugar en la sociedad de dicho país y progresar. Es 1945 y la guerra ha llegado prácticamente a su fin. Por una herencia, una cantidad relativamente importante de dinero va a llegar a la familia y se vuelve fuente de conflicto por la elección sobre su destino de ahorro, inversión o ambos. En dichos conflicto y elección, se carga, de manera más intensa, el mundo de sueños y frustraciones sus integrantes, tomando en cuenta que tales intercambios ya eran parte del cotidiano y, muchas veces, con expresiones sumamente ácidas.

Finalmente, el mencionado dinero es solo un insumo más en una trama compleja y sentida, la cual llena de matices una obra que avanza entre las actitudes y palabras con que la familia se quiebra a sí misma, y las formas que encuentra para solidificarse en una sola masa dispuesta a hacer frente al mundo exterior. Un mundo donde no puede obviarse el desprecio por razones de clase y de color.

Fue real.

Se sintió real, cercana, a pesar del país representado (es decir, una sociedad que no es la propia). Y no careció de humor, el cual fue, por supuesto, mordaz.

No es tanto la cuestión específica que la familia estaba viviendo, ya que no imagino que podría replicarse en mi país. Al menos, no con todos sus detalles: difícilmente, vecinos que se puedan decir “blancos” intentarían recomprar una propiedad adquirida por una familia que se pueda decir “negra”, y agregando un dinero adicional, para evitar que esta se mude a su comunidad, su “barrio”, que además era una de clase socioeconómica mayor. Pero lo que, en efecto, vi fue a un conjunto de peruanos siendo peruanos, siendo una familia y tratando de progresar honradamente.

El conflicto intrafamiliar llega a ser tan fuerte, que es verdaderamente conmovedor cuando nace una nueva unión desde las cenizas para enfrentar uno de los demonios más grandes, el racismo y el desprecio que acarrea. Estos actores y actrices se pusieron en la piel y los aplaudo de pie.

Fue real

Tampoco quiero ser poco honesto. Veo a diario una parte de la problemática de mi propio país; en este caso, expresada en Lima Metropolitana, y no siento la misma conmoción. Solo en ocasiones. Es una problemática, además, con muchas ramas, las que no pueden ser juzgadas de la misma manera.

Posiblemente, lo “diario” difumina la nitidez. No obstante, tampoco escapa de mi entendimiento el que no estoy viendo el panorama completo en cada micro caso (sería imposible), y muchas veces se suman los mecanismos de cómo esa problemática llega a afectar la vida urbana. No seré más específico que eso.

Ni voy a obviar, asimismo, que hay un nivel de interiorización que permite una obra de teatro que no sucede cuando vivimos la ciudad, ya que nuestro pensamiento está inmerso en otras cosas al andar. Es muy difícil llegar a claridades absolutas, ya que mucho transcurre en un mundo multivariado, como es no solo el de la vida sino el de la mente.

Lo que sí diré, con toda claridad, es cuánto nos perdemos los peruanos de no aprender sobre la vida desde obras así, con temáticas de tanta profundidad e interpretadas y dirigidas con tanta destreza.

Mágica, totalmente mágica.

Elenco. Aplausos miles.
Un pasadizo del Centro Español del Perú.

Nota. Imagen de portada obtenida mediante Copilot.