Arequipa, 2014-

2021

El viento sopla en el Sur. El sol calienta, pero el frío que se siente a esta altura lo contrarresta rápidamente; todo depende de la posición de las nubes. He llegado hasta el punto donde me toca pensar y esperar: en pocas horas, la travesía volverá a empezar. A través de rocas y senderos, de nieve, tierra y deslizaderos, la última subida está cerca. Después de una larga jornada, el horizonte multicolor e infinito yace frente a mí, y una cima me ofrece su reposo. Tan solo unos metros más. “Reposo de lágrimas”, le llamo, ya que cada amanecer en lo más alto no me hace alcanzar un crecimiento más en mi vida, sino que no puede estar exento de emoción.

La presencia entre tus cumbres de volcán han sido parte fundamental de mi formación como persona y como ser social en esta sociedad. He sido feliz andando entre tus calles, rondando por tus caminos, ascendiendo por tus colinas, trepando por tus montañas. Me enseñaste que un Perú distinto existe. Que es posible vivir en una ciudad, experimentar la urbanidad, sin sentirse atosigado. Has hecho que incremente mi amor hacia mi país y te has transfigurado como una bocanada de aire fresco, tan necesario para despejarme del tugurio limeño. Te llevo en mis pensamientos y en mi corazón.

Por eso, necesito andar, una vez más, sobre tus venas. Regresar, y que seas, una vez más, mi punto de despegue.

La fortaleza de tus históricos volcanes será aquella que guiará mi espíritu en los tiempos que están por venir.

De nuevo, 2021 (el mismo día)

Es lunes 20 de setiembre, y hace dos días he recibido mi segunda vacuna contra el coronavirus. Mi gobierno me ha vacunado con Sinopharm, una vacuna en la cual confío plenamente. Ahora, me queda esperar entre tres a cuatro semanas para alcanzar la máxima inmunidad posible, la cual siempre será menor a 100 por ciento. Sin embargo, cada vez más avanzamos como país en proporción de personas inoculadas con la pauta completa, lo cual es muy positivo para nuestro primer futuro, aquel que se desplegará el 2022.

En un principio, no pensé que la espera iba a ser tan larga. No obstante, ya nos estamos acercando a los dos años, y aún no puedo creer que, por más que el aprovechamiento del tiempo pueda haber aumentado, aún quede tanto por hacer. Pero la vida sigue y cada día cuenta.

No lo he expresado tanto en este blog, pero Arequipa es uno de los primeros lugares a los que quiero retornar en mi vuelta al Perú. Para todo aquel extranjero o extranjera que me esté leyendo, jamás se deje llevar de que Lima “es Perú”. No tiene nada que ver. Lima es solo una pequeña parte, aunque concentra un gran poder político y económico. Lógico, es la capital de la República y sobre su derruido cemento se asienta alrededor de un tercio de la población total, pero no debe ser confundida con el resto del Perú.

Perú es inmenso, Perú es ancho… y ajeno (un gracias a Ciro Alegría, por esa combinación de adjetivos con tan profundo sentido). Perú es, sencillamente, mayor, y eso debe ensalzarse.

2023, ahora

Es casi fin de año. Una vez más, deseo embarcarme en el ruedo de los grandes retos. Este 2023 ha sido fenomenal, pero, a diferencia de 2022, lo estoy terminando desbalanceado económicamente.

Y sí, pude regresar a Arequipa tanto el 2022 como el presente año, y he aprendido mucho sobre mí en esos viajes, así como seguido extendiendo mi conocimiento sobre mi país, reflejado en mi internamiento en las profundidades de Arequipa, una región a la que doy tanto significado.

Intentaré regresar, una vez más, este 2024, de alguna forma u otra.

Será siempre una prioridad.

Fotos de mi primer viaje a Arequipa, en noviembre de 2014. Plantilla de collage de Canva. Edición propia.